Japón confirmó oficialmente ayer que está en una recesión, pero los ministros del gobierno sólo pudieron ofrecer promesas de más austeridad antes de que regresen los buenos tiempos. El PIB, el marcador más amplio de la producción de bienes y servicios, se contrajo por segundo trimestre consecutivo de julio a septiembre, para satisfacer la definición popular de recesión.
La contracción de 0.5% del trimestre siguió a una caída de 1.2% de abril a junio.
La cifra estuvo en línea con las expectativas, pero despertó los temores sobre la capacidad de los estrategas políticos de Japón para dar un giro rápido a las cosas ante una depresión mundial del sector de la tecnología de información y una desaceleración global exacerbada por los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.
El primer ministro Junichiro Koizumi dijo que la única forma de salir adelante es poner en marcha las drásticas reformas que ha prometido.
``La dura situación continuará por un tiempo, pero si no seguimos con la reforma estructural todo empeorará. Estamos dando pasos. La reforma estructural es la mejor política"", dijo el Koizumi. Como otra señal de lo que puede guardar el futuro, Aoki Corp, una firma de construcción con problemas desde hace tiempo, se convirtió en la 13ra empresa japonesa que quiebra este año.