Desde la aparición de la primera cámara fotográfica creada en 1826, nos han enseñado a guardar los recuerdos con imágenes estáticas, pero ¿qué pasaría si pudiéramos guardar los olores para recordarlos?
Amy Radcliffe está desarrollando a Madeleinem, una cámara capaz de capturar olores. El proceso consiste en ubicar el objeto cuyo olor queremos capturar en una nariz eléctrica, a partir de ahí se absorben las partículas que desprende para posteriormente procesarlas. Así se crea una fórmula que permitirá recrear precisamente ese mismo olor.
Cuando se haya grabado, se envía la trampa de resina donde reside el olor a un laboratorio para procesarla para que posteriormente este la devuelva al cliente en estado líquido para que podamos usarla, apreciarla o guardarla. Actualmente, la técnica resulta bastante arcaica, ya que se parece mucho a la época en la que había que enviar al laboratorio los rollos fotográficos para revelarlos, pero con el tiempo se puede ir modernizando y mejorando para hacerla más versátil.