Tras la asistencia financiera y política de los años 80 y las inversiones masivas en los 90, la Unión Europea se prepara a firmar acuerdos de libre comercio con América Latina y a tantear el terreno con vistas al desafío de los próximos años: las alianzas en el seno de la Organización Mundial de Comercio.
La IX reunión ministerial del Grupo de Río que se clausuró el jueves en Vilamoura (sur de Portugal) era la primera tras la histórica Cumbre de Río (junio 1999), pero los aspectos políticos quedaron ampliamente superados por las ambiciones económicas de todos los países involucrados.
En los próximos dos meses la UE se dispone a cerrar un acuerdo de libre comercio con México y a abrir al mismo tiempo negociaciones con el Mercosur y Chile.
En lo que respecta a las relaciones comerciales con Europa, tras Vilamoura parecen haberse reforzado claramente dos áreas económicas en el seno de la comunidad latinoamericana: por un lado esos seis países (Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay y Uruguay) que se han subido más o menos a tiempo al tren de la globalización, y el resto (comunidad andina y América Central) que esperan no quedarse eternamente en la estación.
La UE podría superar en los próximos 3 a 5 años a Estados Unidos como principal inversor en la región, y la fiebre de las fusiones empresariales parece haberse apoderado también de los gobiernos de ambas zonas.
México lleva la delantera, como atestiguó la optimista recepción que se le tributó a la canciller Rosario Green en la ciudad costera portuguesa, a la que responsables europeos le aseguraron que todo está listo para la firma del acuerdo dentro de un mes.
"Obviamente es mucho más que comercio, es cooperación y diálogo político", subrayó Chris Patten, el comisario de Relaciones Exteriores de la UE.
"Esperamos que entre esos foros se incluya la OMC y la ONU", añadió el comisario.
Aunque el tratado con la UE es el primero que firma México con inclusión de cláusulas políticas y de derechos humanos, poco espacio hubo para mencionarlas en el comunicado final.
Simultáneamente, el Mercosur abrirá negociaciones técnicas con la UE en abril en Buenos Aires, pero sso mexicano las puertas están abiertas para el inmenso tráfico comercial UE/Norteamérica, en el sur las conversaciones van a ser previsiblemente más difíciles.
México necesitó cuatro años de conversaciones, y solamente hasta la semana pasada su zumo de naranja planteaba problemas a los fabricantes italianos.
Chile busca por su lado que su texto sea negociado y aprobado en un año, según contó su canciller Juan Gabriel Valdés a la prensa en Vilamoura.
Es un análisis obviamente optimista, pero al mismo tiempo Chile, que pertenece al combativo Grupo de Cairns, parece dispuesto a vender cara su cooperación internacional.
"La agricultura europea no debe tener miedo a la agricultura latinoamericana", afirmaba Valdés, recordando el fracaso de Seattle.
Otros responsables como el canciller argentino, Adalberto Rodríguez Giavarini, no hicieron gala de ese espíritu más o menos resuelto.En sus encuentros con la prensa, Giavarini se mostró convencido de la voluntad europea de relanzar el multilateralismo comercial "sin exclusiones".
Otras subregiones ni siquiera se plantean esas disyuntivas sobre cooperar con su mayor inversor o enfrentarse a su exigente competidor agrícola.
América Central y la Comunidad Andina, sujetos al sistema de preferencias generalizadas, esperan que la UE acceda a corto o medio plazo a contemplar la posibilidad de negociaciones como en el caso mexicano o del Mercosur.
"Las partes recordaron que el programa de preferencias generalizadas se inscribe en el marco de la lucha de los países centroamericanos contra la narcoactividad", subrayó el comunicado final de la reunión bilateral del Grupo de San José (América Central/UE).
Por parte de la Comunidad Andina, Europa se comprometió a elaborar un diagnóstico de las relaciones comerciales actuales, "con miras a analizar la posibilidad de negociar un acuerdo de asociación".