Problemática económica en Brasil
- El gobierno de Rousseff recortó impuestos y estimuló el gasto en obra pública el año pasado, de modo de reavivar una economía que el Banco Central calcula que se expandió en un 1%. Con ese nivel de expansión en 2012, la economía de $2.5 billones de Brasil presentará sus dos años más bajos en lo que respecta al crecimiento de todo el decenio.
La escasez de lluvias en Brasil, que debe el 85% de su electricidad a las represas, amenaza con impulsar los costos de la energía y desbaratar el plan de Dilma Rousseff para levantar la economía sin que la inflación empeore.
Los títulos de deuda que protegen a los inversores contra los aumentos en los precios al consumidor llegaron a su récord este mes, mientras que las preocupaciones por la posibilidad de que los niveles bajantes de los embalses provoquen el cierre de las represas hidroeléctricas de Brasil hicieron subir los precios de la energía a su máximo en el quinquenio.
Los cálculos que hacen los operadores de la inflación anual hasta 2015 aumentaron en 0.16 puntos porcentuales y llegaron al 5.84% y, de ese modo, agrandaron la brecha que estaba por encima de la tasa actual del 5.53% y triplicaron su promedio del año pasado, según el así llamado umbral de rentabilidad.
Las precipitaciones, que fueron menores al promedio histórico de diciembre, hacen que la escasez de agua sea un nuevo obstáculo en un país donde la inflación excedió el punto medio objetivo durante 27 meses consecutivos y la economía tuvo el menor crecimiento bienal del decenio.
El Gobierno, que hace uso del fondo soberano de riqueza y las utilidades de la empresa estatal para poder cumplir los objetivos fiscales de 2012 después de prorrogar los recortes impositivos, había pronosticado que una tarifa más baja para la energía podría disminuir la inflación en un punto porcentual.
“El racionamiento de la energía es una mala noticia para la inflación y una mala noticia para el crecimiento”, dijo Tony Volpon, titular de investigación para las Américas de Nomura Holdings Inc., en Nueva York. “La gente pensaba que las cosas irían bien a principios de este año, y ahora esto sale de la nada”.
Sin más lluvias, Brasil podría tener que racionar la energía por primera vez en 11 años, lo que pondría un coto al crecimiento económico o lo haría depender de las plantas de petróleo o gas natural, que son mucho más costosas, y eso podría alentar la inflación, dijo Marco Ross, director comercial de Trade Energy, que es operador de electricidad en el mercado inmediato de Brasil.