La inflación en Latinoamérica, con tasas que en el primer semestre de 2008 rozaron e incluso superaron las metas fijadas para todo el año, no da tregua a la región, arrastrada por la escalada mundial de los precios del petróleo y los alimentos.
Países cuyos indicadores económicos son envidiados en el resto de la región, como Chile y Perú, se han visto afectados también por el alza de los precios, que alcanzaron niveles especialmente preocupantes entre enero y junio en Venezuela (15,1%) y Nicaragua (11,76%).
El Gobierno que preside Hugo Chávez culpa del desenfreno inflacionario a un "desequilibrio entre la oferta y la demanda", frente a los empresarios que lo vinculan a la dependencia de las importaciones.
La meta oficial venezolana para 2008 es del 19%, pero diversos analistas pronostican que rondará el 30%, cifra elevada pero muy lejana a la desorbitada cota anual de 2,2 millones de puntos porcentuales de Zimbabue, según datos difundidos.
Nicaragua tuvo hasta junio la inflación más alta de Centroamérica, por el incremento en alimentos y combustibles, y las autoridades han admitido que a final de año rondará la cifra de 2007 (16,88%), la más alta registrada de los últimos nueve años.
En EE.UU. los elevados precios energéticos hicieron que la inflación registrase en junio la mayor subida en 26 años, lo que aumenta la presión sobre la ya debilitada primera economía mundial. También en junio pasado, Chile tuvo una tasa del 1,5% (máximo para el mes en 17 años) y la del semestre quedó en 4,3%, apenas seis décimas por debajo de la previsión anual del Gobierno (4,9%).