Aidé Silva ha empleado 33 años de su vida trabajando en plantaciones de flores en los suburbios de Bogotá, cuidando que los claveles y las rosas crezcan fuertes y uniformes para que puedan ser exportadas.
Pero cinco días después de que ella y otros 26 trabajadores decidieron formar un sindicato para enfrentarse a las pretensiones de la empresa Benilda Flowers de introducir cambios administrativos que recortan los salarios, su trabajo cambió.
Silva dijo que la compañía la movió de las camas de las flores a un almacén donde peló papas por seis meses.
Otros seis miembros del sindicato fueron despedidos de la compañía semanas después de constituir el sindicato Untraflores en mayo del 2001, precisó Silva, presidenta del sindicato. Los trabajadores demandaron el caso ante una corte y en agosto pasado dos de los trabajadores fueron reincorporados, dijo Alejandro García, que trabaja con Untraflores. Benilda Flowers declinó realizar algún comentario sobre el caso o las relaciones con el sindicato.