En Norteamérica, los ejecutivos hablan de "thinking out of the box" (pensar fuera de la rutina) cuando están a la busca de ideas creativas que rompen con los esquemas preconcebidos de un negocio o una empresa.
Es lo que Bill Ford quiere conseguir para sacar del atolladero la empresa que dirige.
En condiciones ideales, el "thinking out of the box" debería producirse antes de que la situación llegue niveles desesperados.
Sin embargo, normalmente las empresas esperan hasta el último momento para intentar hacer algo distinto.
El problema para Ford es que la búsqueda de alternativas radicales, y que funcionen, es consecuencia de su situación desesperada en el mercado norteamericano. Ford está acorralada, necesita encontrar una escapatoria y pronto.
Por eso Bill Ford, el presidente de la compañía y biznieto del creador de la empresa automovilística, afirmó esta semana en una entrevista a la revista "Business Week" que "todo está sobre la mesa", otra frase acuñada para señalar que ya no hay nada, o casi nada, sagrado e intocable en el fabricante.
No es casualidad que las declaraciones de Ford se produzcan poco después de que en julio, y por primera vez en la historia, Toyota superase en ventas a Ford, lo que situó a la empresa nipona como el segundo fabricante de automóviles en Estados Unidos durante ese mes.
Ya hace algún tiempo Toyota se convirtió en el segundo productor mundial de automóviles, detrás de General Motors, desbancando a Ford.
Es sólo el dato de un mes, pero es especialmente difícil para Ford aceptar que Toyota está en camino de superar al fabricante estadounidense en su propio mercado doméstico.
Ford ha recurrido a los remedios habituales para intentar contener la hemorragia.
Ha puesto en marcha un amplio plan de reestructuración -el llamado "El camino hacia adelante"- en Norteamérica para rebajar puestos de trabajo, producción y costes.
Pero es evidente que los recortes no han sido suficientes, con 1.400 millones de dólares de pérdidas acumulados en los seis primeros meses del año.
Para reactivar la demanda de su vehículos, Ford ha dejado de producir los monovolúmenes, y se ha concentrado en coches y vehículos de combustibles alternativos, en un principio híbridos y ahora los de etanol.
Y aunque la demanda de sus nuevos coches ha aumentado, la pesada carga de los SUV -que en el pasado fueron la gallina de los huevos de oro para el sector, pero que ahora es un segmento a la baja- sigue pasando factura.
Así que Bill Ford necesita más.
Más productos que funcionen, más recortes de costes y más ingresos.
Para financiar sus crecientes necesidades, Ford piensa en poner a la venta al menos parte de Ford Credit, la empresa que proporciona préstamos a los consumidores para la adquisición de vehículos.
La venta de una participación mayoritaria de Ford Credit le podría reportar a la empresa unos 6.000 millones de dólares.
Ford también está dispuesto a vender algunas de sus marcas europeas, especialmente Jaguar -que no ha sido rentable desde su adquisición-, Aston Martin y posiblemente Land Rover.
Y por supuesto, Bill Ford también ha mostrado su interés por una posible alianza con Renault-Nissan, quien a su vez está en discusiones con la automotriz General Motors.
Ford necesita buenas ideas para salir del atolladero
Dejó de producir los monovolúmenes, y se ha concentrado en vehículos de combustibles alternativos.