Árboles madereros, verde follaje y aguas cristalinas adornan la finca Ninfa María, ubicada en Cerro Cama, distrito de La Chorrera, que con su verdor invita a cualquier viajero a deleitar sus sentidos.
Sin embargo, la finca no es precisamente una agroturística, sino el hogar de 27 reses propiedad del ganadero Daniel Valdés.

Este productor decidió en 2004 hacer un cambio radical en sus prácticas pecuarias por otras orgánicas que, además de beneficio personal, contribuyeran a preservar las fuentes hídricas, la flora y la fauna del lugar.
El reto siguiente para darle forma al Proyecto Silvopastoril y Manejo Ambiental de la Ganadería, propuesto por el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) en conjunto con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID) era sustituir el uso de abono químico por orgánico y mejorar la cobertura vegetal para la protección de los suelos, entre otros.

Es por eso por lo que decide hacer uso de 15 hectáreas para la ganadería y las restantes 12 para la siembra de árboles de especies maderables nativas, como panamá, por mencionar alguno.
Hace ocho años atrás, decidió desarrollar la práctica silvopastoril, logrando resultados positivos desde el punto de vista económico porque sus animales tienen un valor agregado.

“Implementamos las cercas vivas y los bebederos, ya que protegemos las fuentes de aguas que tiene la finca”, apuntó Valdés.
Basado en su experiencia, Daniel Valdés detalló que los beneficios se perciben en los animales, dichas prácticas sostenibles ayudan a reducir el número de hato con retención de placentas, cero aborto y una tasa de mortalidad baja, lo que significa que trabajar saludablemente es positivo en todos los sentidos.
Por eso se ha convertido en un vocero de estas prácticas sostenibles porque, como él mismo cuenta, el sector no puede decirles no a los cambios.
La finca Ninfa María posee un riachuelo que la atraviesa, sin embargo, ese es el tesoro mejor guardado, por lo cual decidió trabajar con gravedad para trasladar agua mediante tubos desde un arroyo que desciende desde el punto más alto de la finca que llega directamente a los bebederos, para de esta forma evitar que los animales ensucien el río.
Precisamente, es justo en las 15 hectáreas restantes, donde se ubican los árboles, palmas y arbustos que muy pronto tendrán a los cafetales de compañía.
Esta actividad es otra de las ideas que rondan la cabeza del señor Valdés, basado en que la cáscara del café también puede ser utilizado como abono al pasto, igual que hace con el estiércol del ganado.
Es más: las famosas “pega-pega”, que muchos de los visitantes llevan en sus ropas deben ser devueltas porque es un platillo para el ganado.
“Antes, yo las cortaba porque la consideraba una maleza, sin embargo, ahora he descubierto que también es alimento para las reses”, señaló.
Sobre este tema, Emilio Kieswetter, ministro de Desarrollo Agropecuario, manifestó que finalmente se están aplicando tecnologías que al ser analizadas no significa mayor inversión para los ganaderos.
“Aquí no se usa ningún químico ni agroquímico importado, todo se produce en las mismas fincas. La sostenibilidad a través del mejoramiento de pasto mediante el sistema silvopastoril le da el beneficio al productor de poder incrementar su productividad y ganancia de carne por cabeza”, señaló el funcionario.
Una buena oportunidad, según Kieswetter, tienen los pequeños productores con esta alternativa porque les significará, aumentar su producción, lo que redundará en su beneficio porque los productos que obtengan serán de calidad.
Los supermercados son unos de los principales clientes cuando se tienen este tipo de prácticas porque saben que estos animales están sanos, indicó el titular del MIDA.
En Panamá, existen aproximadamente 40 fincas que utilizan el esquema silvopastoril, divididos en la provincia de Chiriquí, Darién y Panamá.
Sin embargo, tanto autoridades como ganaderos reconocen que la única forma de darle un empuje más significativo a estas prácticas es que los mismos ganaderos cambien su cultura.
Por eso Gerardino Batista, presidente de la Asociación Nacional de Ganaderos (ANAGAN), indicó que es necesario que manejen esta información porque es un cambio que tarde o temprano deben hacer.
Panamá siempre se ha identificado con una ganadería extensiva (caracterizado esencialmente por formar parte de un ecosistema natural modificado por el hombre); no obstante, se requieren grandes cantidades de tierra para lograr colocar una res por hectárea.
La ganadería vista de esta forma, donde se coloquen por ejemplo treinta reses en treinta hectáreas de terreno, no es rentable, porque la tierra ha subido mucho de valor, por lo que muchos buscan otras fórmulas de tener en menos tierras más ganado.
Empero, reconoce que el sistema moderno es el silvopastoril en donde se trabaja utilizando árboles, rastrojo, montañas y ríos.
“En ese sentido, los ganaderos tenemos que caminar en esa vía porque eso es lo que viene, y se va dar, y no solo tener la ganadería extensiva, como fue la moda de nuestros bisabuleos, sino una que sea ecoamigable”, indicó.
Batista argumenta que es necesario que las autoridades sean más agresivas en cuanto a la promoción de este sistema, ya que nos falta una mayor implementación, y es un trabajo que las entidades que tienen que ver directamente con la ganadería deben realizar en conjunto con el sector pecuario.
“Se debe buscar el mecanismo para que los productores cada día dañen menos la naturaleza”, puntualizó el ganadero.
A nivel internacional, los gobiernos han debatido este punto con miras a buscar una solución para que la producción de alimentos no perjudique al medioambiente.
la Comisión de Desarrollo Ganadero para América Latina y el Caribe (Codegalac) en reiterados encuentros ha sostenido que esta es la práctica del futuro, porque el panorama que se ve en las tierras latinas donde existe mucha tierra degradada producto de la ganadería es preocupante.
Concluyen que los procesos de ordenamiento, zonificación y planificación de la producción son fundamentales en los programas de desarrollo rural y territorial, con el fin de impulsar el desarrollo de sistemas ganaderos sustentables a largo plazo.
Instan a que deben apoyarse en la información generada en los estudios de escenarios y en los criterios e indicadores de sostenibilidad y productividad según el contexto socio-económico y productivo de cada región.
La participación de comunidades, fortalecimiento institucional y capacidades locales son un requisito para la promoción del desarrollo sostenible.