Estadísticas
- por quintal es el precio que reciben los productores con la venta de tomate a Cía Nestlé.
- de junio se inicia la zafra de 2014 y los productores negocian un alza en el precio de venta.
El sector tomatero industrial, uno de los rubros que más identifica a la provincia de Los Santos, se encuentra en una encrucijada. Aunque su cosecha más reciente rindió frutos, no llenó las expectativas de ganancias para los productores, quienes tuvieron que conformarse con los ingresos justos para cubrir sus gastos operativos.
A pesar de estos resultados, el sector ha decidido tomar nuevos retos para el año 2014. Entre ellos, aumentar el número de hectáreas sembradas y duplicar la cuota de 6,300 toneladas que produjo en la cosecha 2013, que recién terminó el 26 de abril.
Pero ahí no termina todo. Los productores pedirán a la compañía Nestlé Panamá, dueña absoluta de la producción tomatera santeña, un aumento a 10 dólares en el precio del quintal, que en la actualidad es pagado a 8 dólares.
Los 99 productores de tomate industrial con que cuenta la provincia santeña sembraron este año un total de 182 hectáreas, principalmente en las comunidades de Tres Quebradas, Las Guabas y Las Cruces, donde el rubro es considerado un producto de tradición.
Sin embargo, los productores aseguran que de no lograrse los acuerdos que solicitarán en las negociaciones que se inician el 4 de junio próximo, la producción de 2014 podría verse en peligro, puesto que los precios de insumos y mano de obra siguen en aumento.
Tecnología de riego
Celestino Rivera, presidente de la Asociación de Productores de Tomate Industrial de Los Santos, fue enfático al señalar que la cosecha que terminó el pasado 26 de abril se hizo para cumplir con la cuota pactada, a sabiendas de que no habría ganancias.
La falta de sistemas de riego adecuados es la principal razón a la que el productor atribuye la poca cantidad de producto que pudo alcanzarse. Se obtuvo, explicó Rivera, la cantidad necesaria para cumplir con Nestlé Panamá.
Sus 35 años de experiencia como productor le permiten decir con propiedad, que es necesario actualizar la tecnología de riego para lograr el sueño anhelado de mil 500 quintales por hectárea, con la variedad de semilla adecuada.
“Cuando utilizábamos el riego por gravedad, apenas alcanzábamos unos 500 quintales por hectárea. Con nueva tecnología y la semilla correcta podríamos triplicar nuestra cosecha”, señaló.
Pero ¿cómo es posible concretar estos planes con una cosecha que no les dio ganancias a los productores?
Para el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (Mida), la solución al problema está en utilizar financiamientos del Proyecto de Competitividad y la Ley 25 de Transformación Agropecuaria, que permitirá utilizar tecnología para sistemas de riego y perforación de pozos.
A través de estos programas, dijo el titular del Mida, Óscar Osorio, se podrá implementar un plan que permita incrementar la producción a 13 mil toneladas de tomate industrial, en 260 hectáreas sembradas.
Rivera manifestó que estos proyectos permitirán a los tomateros entrar a un mercado más competitivo y globalizado, aprovechando las tecnologías que se pueden adoptar.
Costos operativos
Otro de los problemas que enfrenta el rubro son los altos costos de producción por hectárea. Insumos, químicos, mano de obra en periodo de cosecha, y un fondo de contingencia por imprevistos en caso de plagas o daños, son algunos de los principales gastos que deben sortear los productores.
Rivera asegura que aunque la cosecha de este año fue positiva porque no hubo pérdidas por lluvias o plagas, los costos de producción se elevaron más de lo previsto, principalmente en el precio de los insumos.
“Pactamos un precio para los insumos, pero a mitad de proyecto, nos suben los precios y esto no significa otra cosa que gastos adicionales”, explicó.
En la actualidad, los insumos necesarios para el cultivo no tienen un precio estable, sino que dependen de sus propios costos de producción o importación de los mismos, y de la demanda en el mercado local.
A los inestables costos de insumos y agroquímicos en que incurren, se suma el costo de los jornaleros necesarios para trabajar durante la cosecha de tomate.
Para nadie es un secreto que en Azuero ha disminuido considerablemente el número de personas disponibles para trabajar como jornaleros, lo que ha provocado que estos deban ser traídos de otras provincias, principalmente desde la comarca Ngäbe-Buglé.
“Solamente en pasaje tuve que invertir unos 450 dólares para traer a los jornaleros desde Chiriquí, además de adecuarles la casa donde se quedaban”, explicó Rivera.
La Asociación de Productores de Tomate Industrial de Los Santos señaló que es necesario incluir a los jornaleros en las negociaciones sobre el salario mínimo y en las leyes laborales vigentes, toda vez que en la región se da una regata de precios que provoca que los trabajadores salten de un proyecto agrícola a otro, en búsqueda de mejores condiciones salariales.