La economía de Estados Unidos no está en recesión dado que, según los cálculos preliminares del Gobierno divulgados ayer, creció a un ritmo anual del 0,6% entre enero y marzo, más de lo esperado por los analistas.
La lentitud de la economía persiste aunque la Reserva Federal ha inyectado más de 400.000 millones de dólares en los mercados desde diciembre.
La expectativa de que se evite una recesión se apoya ahora en el impacto que tenga la devolución a los contribuyentes de casi 160.000 millones de dólares en impuestos, que comenzó a hacerse efectiva esta semana.
El Departamento de Comercio señaló que, después de un ritmo de crecimiento del 0,6% en el último trimestre de 2007, el robusto aumento de los inventarios compensó la flojera del gasto de los consumidores y dio un resultado positivo entre enero y marzo.
Este aumento está lejos del 4,9% que creció la economía en el tercer trimestre de 2007, cuando la crisis de las hipotecas de alto riesgo comenzó a extenderse a otros sectores.
La mayoría de los analistas había calculado que el ritmo de crecimiento en el primer trimestre sería de un 0,3%, y algunos señalaban que quizá hubiera habido una contracción, el primer paso hacia la recesión.
Algunos expertos definen una recesión como la contracción del producto interior bruto (PIB) en dos trimestres consecutivos.
La Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por su sigla en inglés), que es la que dictamina oficialmente cuándo hay una recesión, considera que ocurre cuando se presenta "una disminución significativa de la actividad económica que afecta a toda la economía y dura más que unos pocos meses".