Sin embargo, hoy los tiempos han cambiado y la religión se ha convertido en un negocio lucrativo, ya sea cerca, lejos, o en los mismos templos.
Dicho comercio se intensifica sobre todo en Semana Santa, cuando la venta de artículos religiosos representa llevar unos reales al hogar.
Este es el caso de Fausto Torres, quien en los últimos 18 años se ha dedicado a la venta de artículos religiosos, inciensos y baños para la suerte.
Ubicado estratégicamente en el barrio de Calidonia, los productos que ofrece tienen precios para todos los bolsillos.
Los inciensos y los baños para la suerte pueden costar desde 50 centésimos hasta 5 dólares, dependiendo de la calidad.
Si se trata de rosarios y oraciones, su precio es de 25 centésimos a $1.50.
Los artículos más caros, como estatuas o figuras de santos , se consiguen en comercios ya establecidos, a precios de 5 a 60 dólares.
Por ello, muchas personas prefieren acudir a donde los buhoneros que, como Fausto, ofrecen precios módicos.
Los buhoneros compran estos productos a distribuidoras o comercios permanentes, invirtiendo alrededor de 40 a 50 dólares.
Esta inversión les reporta durante la Semana Santa ganancias de 20 a 40 dólares, una vez sacan la inversión.
Al finalizar la Semana Mayor se estima que unos 56 buhoneros ubicados en el sector de Calidonia habrán generado alrededor de 1, 680 dólares en ganancias.
En este negocio no se generan pérdidas, pero las ganancias son recibidas lentamente, ya que los productos no son perecederos, lo que les permite a los comerciantes venderlos durante todo el año.
La variedad es grande: inciensos en polvo, en grano, en lágrima o en forma líquida, con sus respectivos olores.
Entre estos están la alucena, palo santo, cáscara de ajo y anís estrellado.
Los inciensos provienen de países como la India y China.
También se ofrece azufre, mirra, caraña hedionda, benjui, canela y alcanfor, entre otros.
Los mayores compradores de estos productos son las iglesias, las personas devotas, y quienes los utilizan en sus hogares para relajación, o por el aroma que despiden.
El comercio religioso va en aumento, pese a que en su momento, Jesús echó a los mercaderes del templo.