Economía

La ingeniera "canalera" que simboliza la igualdad de género en Panamá

La primera y única mujer en ocupar una de las once vicepresidencias del canal de Panamá y la principal responsable del proyecto de ampliación de la vía interoceánica, Ilya Espino de Marotta, ha hecho de su chaleco y de su casco rosa todo un símbolo de la igualdad de género en el país.


La primera y única mujer en ocupar una de las once vicepresidencias del canal de Panamá y la principal responsable del proyecto de ampliación de la vía interoceánica, Ilya Espino de Marotta, ha hecho de su chaleco y de su casco rosa todo un símbolo de la igualdad de género en el país.

"No pensé que iba a tener tanto impacto y menos en el exterior. Un medio internacional me llegó a pedir por favor que me llevara el chaleco y el casco a una entrevista que me hicieron en Europa", cuenta todavía sorprendida.

Cuando hace tres años Espino de Marotta cogió las riendas del megaproyecto del ensanche, que se empezó a construir en 2007, decidió teñir de rosa su chaleco y su casco de obra para demostrarse a sí misma todo el camino que había tenido que recorrer y los estereotipos y tabúes que había conseguido romper.

"Las mujeres tenemos que demostrar más que los hombres, nos ponen mucho más a prueba y, en igualdad de condiciones, siempre les eligen a ellos. Soy consciente de que mi nombramiento levantó algunas espinas, pero mi jefe (el actual administrador del canal, Jorge Luis Quijano) me apoyó hasta el final", admite esta ingeniera graduada en la Universidad de Texas A&M (EE.UU).

No es la primera vez que la "canalera" reivindica con su vestimenta su condición de mujer. Antes del casco y del chaleco, vinieron las corbatas.

"Hace muchos unos años mis compañeros de departamento se vestían con saco (traje) y corbata una vez a la semana. Yo no quería quedarme fuera, así que me compré una de perlas, otra de estrellas, otra de colores", menciona risueña, aunque rápidamente se le cambia el gesto cuando se acuerda de la primera vez que sintió discriminación por ser mujer.

Corrían los años 1990 y Espino de Marotta aplicó para una vacante de buzo en el astillero de reparación. A pesar de bucear desde los 16 años y de tener "mucha" experiencia en la materia, nunca consiguió el puesto: "La plaza se cubrió muchos meses más tarde porque no había más candidatos. Obviamente, el elegido fue un hombre".

"Siempre me he movido en un mundo de hombres, pero nunca he dejado de ser yo misma", reconoce en un entrevista con Acan-Efe en su amplio despacho con vistas al canal, desde donde ha escudriñado cada detalle de esta obra faraónica que se inauguró el pasado 26 de junio y que está considerado una de los proyectos más importantes de la ingeniería moderna.

A sus 54 años, Espino de Marotta puede presumir de tener una de las carreras más meteóricas dentro de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), el organismo autónomo que gestiona la ruta acuática por la que pasa el 6 % del comercio mundial.

De la Vicepresidencia Ejecutiva de Ingeniería y Administración de Programas que dirige, dependen más 600 personas, de las cuales el 10 % son mujeres.

"Es importante que las que hemos llegado a puestos altos, apoyemos a las mujeres. Yo las promociono, lucho por sus derechos, por su conciliación familiar", dice convencida.

"Muchas mujeres tratan de imitar conductas masculinas cuando llegan al poder para hacerse respetar más y penalizan lo femenino. Es difícil encajar en las altas esferas del poder masculino", añade.

No es una ferviente defensora de las cuotas de género porque, a su parecer, se corre el riesgo de que a las mujeres se les eche en cara que están ahí por un porcentaje, pero no tiene dudas de que el mundo es mucho mejor cuando ambos géneros participan por igual en la toma de decisiones.

"A veces no hay otro remedio y hay que recurrir a ese tipo de leyes para que nos den la oportunidad", lamenta.

Otra de las cosas de las que puede presumir Espino de Marotta es de haber descubierto la escurridiza ecuación de la conciliación familiar.

Madre de tres hijos universitarios de 21, 23 y 25 años, no tiene complejos en reconocer que apaga el ordenador a las 5 de la tarde y que, solo si es necesario, se lleva el trabajo a casa: "Cuando mis hijos aún vivían en casa, la cena era sagrada".

La vicepresidenta del canal es plenamente consciente de que el camino no lo ha recorrido sola y agradece "eternamente" el apoyo que ha recibido por parte de su marido, de su madre y, en especial, de Maribel Arcia, la mujer que trabaja en su casa y que ha velado por su familia cuando ella no estaba.

"Cuando a uno de mis hijos le diagnosticaron cáncer, nos fuimos a Nueva York a tratarle. Yo estaba tranquila porque mis otros dos hijos se quedaban en casa con ella", cuenta.

"Una no llega a la cima sola, no soy una 'súperwoman'", concluye en modo de pequeño homenaje a todas esas mujeres que desde la sombra y el anonimato aportan su granito de arena y contribuyen a que otras, generalmente las más privilegiadas económicamente, alcancen la tan ansiada igualdad de género. 


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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