El hambre ciega. La secular propensión geocentrista de los europeos, contagiada al resto del norte opíparo, también. Son hechos, probados una vez más en estos días.
Los precios de los alimentos se han disparado en el mundo y han revuelto, en varias naciones del Sur, a hordas famélicas desesperadas por un plato de comida.
Los centros de poder global han reaccionado con tal pequeñez de miras que asusta.
Con el mismo arrogante desenfado con que los europeos se presentaron hace siglos como descubridores de otros continentes, desconociendo derechos y culturas originarias de América, África y Asia, hoy los políticos de casta de la venerable Europa han advertido el problema del hambre en el mundo y para ser fieles a los antecedentes históricos, hasta reclaman el mérito del hallazgo.
La prensa dominante les rinde culto.
"El primer ministro británico, Gordon Brown, colocó el alza de los precios de los alimentos en la agenda mundial al llamar a los líderes del G-8 a contrarrestar ese encarecimiento y a examinar el impacto de la producción de biocombustibles en el costo de los víveres".
De acuerdo con la agencia europea de noticias autora de la nota, el mandatario inglés envió una carta a su homólogo japonés, Yasuo Fakuda, para que el Grupo de las Siete naciones más industrializadas del orbe y Rusia, el llamado G-8, atienda el asunto en la próxima cumbre de julio en Tokio. "Por primera vez en varias décadas se ha producido un aumento del número de personas afectadas por la hambruna", observa Brown. ¿Por primera vez?
Sin vacilación ética, desconocen Brown y la agencia de prensa los anteriores reclamos de movimientos sociales en el mundo y las reiteradas voces de alerta de científicos, políticos y hasta de empresarios, incluido el temprano aviso de Fidel Castro.
Apenas empezó la fiebre de los biocombustibles, el líder cubano desató la polémica global en marzo del 2007 al calcular el impacto desastroso que tendría convertir alimentos en etanol para los autos del norte industrial.
Con similar ceguera que el británico, representantes del voraz capital mundial entonan ahora cantos de plañideras ante la crisis de los alimentos.
El director del FMI, Dominique Strauss-Kahn se suma al coro: "Miles, cientos de miles, de personas padecerán hambre. Los niños sufrirán de malnutrición, con consecuencias para el resto de sus vidas". Fino alemán este Strauss-Kahn. Habla en futuro y de cientos de miles. ¿No habrá estudiado nunca las estadísticas de la ONU, que estima ya en mil millones el número de seres humanos que cada noche se van a la cama hambrientos? Le vendría bien escuchar a la portavoz de la UNICEF, Veronique Taveau, quien declaró hace unos días: "Hay 3,5 millones de niños que cada año mueren por malnutrición".
¿Por qué se preocupan entonces, ahora los defensores de un orden social que concentra en manos de las 200 personas más ricas del mundo tanto dinero como el disponible para el 40% de la población global?
Los disturbios sociales, que amenazan la estabilidad del orden y la tranquilidad del Norte, se han disparado en decenas de naciones del Sur, en frecuencia con el acelerado encarecimiento de los alimentos básicos del planeta. De acuerdo con la FAO en el pasado año 2007 subieron los precios de los cereales en un 41%; los aceites vegetales en un 60%; y los productos lácteos, en un 83%.
El trigo, el arroz, el maíz y la soya han escalado a cotizaciones récords en los primeros meses de este año, en una evidente aceleración del alza.
Corren ahora el Banco Mundial, el FMI y los G-7 y G-8 en busca de salidas a la crisis. Pero sólo piensan en donaciones, lenitivo apenas para el hambre.
No pueden hacer más. Las causas del problema, incluso del conflicto de los biocombustibles, están en las reglas de juego del sistema, que defiende el mercado por encima de la gente.
Los precios suben en línea directa con otra hambre no menos tremebunda, la del capital especulativo.
Ante tan sombrío horizonte, ¿cómo podría Cuba soportar el embate? Los nexos externos hoy con Venezuela y China le dan seguridad.
La nación sudamericana-dueña de un petróleo cuyos precios podrían bajar ante una crisis estadounidense, pero muy demandado aún. Cuba se ha insertado en la integración regional para resistir a depresiones internacionales.
[Continuará]