El presidente panameño, Ernesto Pérez Balladares cree que la crisis asiática tendrá un efecto pernicioso "difícil de juzgar a priori" sobre las posibilidades de inversión, pero mostró su confianza en que será temporal y que en breve se verá la fortaleza de las economías de la región.
Latinoamérica, para el presidente panameño, es "un gigante que va a despertar pronto" y ese momento "no se va a demorar décadas" sino que está a vuelta de la esquina.
Los expertos en economía reunidos este fin de semana en el Foro Económico Mundial de Davos, ven con prudente confianza la evolución de crecimiento para Latinoamérica.
Las economías emergentes latinoamericanas despiertan gran curiosidad, sobre todo por su reacción ante la crisis del sudeste aisático y su posible capacidad para atraer los flujos de inversiones que han abandonado momentáneamente Asia.
Sin embargo, las opiniones no son generalizadas y entre políticos y algunos analistas predomina la idea de que la región tiene buenas posibilidades de crecimiento y que podrá superar, sin grandes problemas, las tormentas asiáticas.
En la otra cara de la moneda, hay expertos como el jefe de Economía y Estratégia del Deutsche Bank Group, Kenneth Courtis, que creen que Latinoamérica puede ser la próxima en sufrir una recesión, o que temen repercusiones negativas en su sistema monetario y financiero por la crisis de Asia.
En lo único en que todos se ponen de acuerdo es en formular con cautela sus predicciones, quizás porque recuerdan que en el año pasado el Foro auguró un excelente futuro para la economía del lejano Oriente y meses más tarde sobrevino el caos.
El argentino Miguel Broda, director del estudio que lleva su nombre, encargado de estudios macroeconómicos centrados en el Cono Sur, cree también que sus efectos a corto plazo "son tolerables", y señaló que Brasil, el país más afectado, aunque podría tener algún problema su opinión no es mala.
Además, los países sudamericanos han tenido la posibilidad de extraer lecciones del desplome de la moneda mexicana, hace tres años, y el "efecto tequila", sobre lo que habló el presidente de país, Ernesto Zedillo, quien defendió que para obtener un índice de crecimiento más rápido es indispensable un comercio y una política de inversiones más libre.
Latinoamérica también es "un mercado prometedor" para el enviado especial de Estados Unidos para las Américas, Thomas McLarty, quien se declaró "optimista, pero con cautela" sobre la futura evolución de la zona.
Sin embargo, uno de los asuntos más repetidos en las dicusiones va más allá de lo puramente económico pues, según la opinión generaliazada, el afianzamiento de las jóvenes democracias es la premisa fundamental para conseguir un crecimiento sostenido.
McLarty cree que Latinoamérica debe enviar un mensaje positivo a los inversores a través de la profundización de las reformas tanto a nivel institucional como social y haciendo hincapié en la productividad.
De la misma opinión es Broda, para quien es necesario completar la estabilidad macroeconómica con reformas en la educación, la salud, las instituciones o los regímenes legales, que mejoren la eficiencia del Estado.
La denominada "segunda ola de reformas" está ya siendo emprendida en los países Latinoamericanos para lo que hay que contar también con el apoyo de la sociedad, según el ministro chileno de Asuntos Exteriores, José Miguel Insulza.