No creo que en la historia de Panamá encontremos un crecimiento económico como el que estamos viviendo ahora. Quizá durante los años de la segunda guerra mundial, cuando la población era todavía muy pequeña, pudo darse algo parecido, consecuencia de las muchísimas bases militares que había en todo el país y de los miles de soldados norteamericanos acantonados en Panamá. La diferencia es que ese crecimiento era evidentemente artificial y terminaría al finalizar el conflicto bélico, como efectivamente ocurrió. En cambio, el crecimiento actual es real y, en mi opinión, está apenas en sus inicios y llegará al punto de convertir a Panamá en el país más rico de América.
La gran riqueza de Panamá es su privilegiada posición geográfica y su historia de país de tránsito que influyó en la formación de sus habitantes con una idiosincrasia muy diferente al del resto de los países de América. Somos una nación que ve al extranjero como parte de su entorno y qué, además, no cree en la violencia. En Panamá termina la lucha armada como solución política con su separación de Colombia, y en los más de 100 años de República no ha habido guerras civiles ni por política ni por desequilibrios sociales.
Al recuperar su plena soberanía a la terminación de la ocupación norteamericana y con el retiro de sus tropas, Panamá, sin esa influencia externa desestabilizadora, entra en un periodo de democracia política total, garantizada con la eliminación del ejército y con la salvaguarda de su activo más importante, el Canal, de los vaivenes de la política.
Para la comprensión cabal de porque el desarrollo económico tiene sus inicios ahora, y el porqué de su aceleración extraordinaria, debemos remontarnos al Tratado de 1903 celebrado con EEUU para hacer posible la construcción del Canal y de la interpretación que la gran potencia le dio a las cláusulas económicas que beneficiaban a Panamá.
El tratado dejaba fuera de la concesión a las ciudades de Panamá y Colón ?las ciudades terminales del Canal- y a sus puertos. Con una interpretación evidentemente absurda, con la complicidad activa del Ingeniero francés Philippe Bunau Varilla, que era el negociador por Panamá, cuyo nacimiento como República Independiente tenía escasos mes y medio, se dejó a Panamá sin sus puertos del Atlántico y del Pacifico y ambas ciudades quedaron en verdad convertidas en ?gettos? al limitarse sus áreas sólo a lo construido, eliminando sus ejidos adyacentes.
La triste realidad fue que su posición geográfica, su única riqueza, fue secuestrada durante casi cien años. Panamá, un istmo entre dos mares y en el medio de las grandes masas de la América de Norte y del Sur, quedó efectivamente aislada del mar y de toda comunicación interoceánica.
Incluso hasta el año 1948 carecía de aeropuerto y de comunicación aérea propia y sus comunicaciones inalámbricas también estaban en manos de EEUU.