Carolina Canizales pagó sus estudios mediante una serie de trabajos marginales, desde pasear perros a limpiar casas, y sus esperanzas de un futuro mejor se ven ensombrecidas como consecuencia de su situación de inmigrante indocumentada.
“Me habitué a ser paciente en el limbo en el que he vivido”, dijo Canizales, que tiene 22 años y dice que su familia llegó de forma ilegal a Texas procedente de Monterrey, en el norte de México, cuando ella tenía 10 años.
Ahora, Canizales, que se graduó en mayo en el área de comunicaciones de la Universidad de Texas en San Antonio, podría tener bases ciertas para entusiasmarse. Forma parte de los por lo menos 800,000 jóvenes inmigrantes indocumentados que podrían beneficiarse de la nueva política de deportación del presidente Barack Obama, que permite que quienes sean elegibles permanezcan en los Estados Unidos y soliciten permisos de trabajo temporarios.
Es probable que el impacto de la política económica sea limitado, dado que los inmigrantes afectados constituyen una pequeña parte del total de la fuerza de trabajo, dijo Heidi Shierholz, una economista del Economic Policy Institute de Washington.
La nueva política de Obama comprende a quienes hayan llegado a los Estados Unidos antes de los 16 años y no tengan más de 30, que se encuentren en el país desde hace por lo menos cinco años, no tengan antecedentes policiales y estén estudiando o tengan un diploma de estudios secundarios o equivalente, así como a quienes se haya dado de baja con honor de las fuerzas armadas. Permite que los inmigrantes elegibles soliciten una postergación de dos años de la deportación y obtengan un permiso de trabajo temporario.
sEGURIDAD NACIONAL
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