Una recaudación fiscal record el mes pasado, sumada a incrementos en las exportaciones y mejoras en otros índices económicos, han logrado insuflar optimismo al gobierno del presidente Fernando de la Rúa, después de un semestre de sostenido desgaste político provocado por sus severas medidas de austeridad.
Sin embargo parecen aguardar a la actual administración, que mañana cumplirá siete meses en el poder, algunos tragos amargos: el índice de desempleo, que se dará a conocer oficialmente en agosto, alcanzaría al 15,5%, un punto más que hace un año y dos puntos por encima del registro de octubre de 1999.
Así lo indican informes de fuente gubernamental anticipados por el diario La Nación.
Las encuestas de opinión pública coinciden en que la popularidad de De la Rúa, que alcanzaba el 60% en marzo, cayó casi 20 puntos después que el presidente difundió el 29 de mayo su paquete de medidas de austeridad, con ahorros presupuestarios por casi 1.000 millones de dólares.
Entre ellas figuró la rebaja de sueldos a casi la mitad de los 260.000 empleados estatales, lo que provocó dos huelgas generales y varios fallos judiciales adversos al gobierno, que confía en dirimir el tema en su favor en la Corte Suprema. De la Rúa, en todo momento y casi en soledad, aseguró que las medidas de ajuste eran inevitables para enfrentar el déficit en las cuentas fiscales que heredó de su antecesor peronista Carlos Menem, y que una vez saneadas las finanzas gubernamentales, comenzaría la reactivación.