Economía

Países industrializados deben compartir frutos de la liberalización del comercio mundial


La liberación del comercio será cosa del pasado a menos que las naciones desarrolladas compartan los beneficios con los países pobres, opinan expertos en relaciones internacionales. La disyuntiva es compartir algunos frutos de la liberación comercial o frenar de golpe todo el esfuerzo negociador y postergar las ambiciones y esperanzas que hace ocho años dieron origen a la Organización Mundial del Comercio (OMC).
A medida que se acerca la V Cumbre Ministerial de la OMC, que tendrá lugar en Cancún, México, entre el 10 y 14 de septiembre, los responsables del comercio internacional de los 146 países miembros del organismo multiplican sus opiniones y profundizan sus diferencias en torno a una cita que representa una oportunidad sin precedentes para poner en práctica la idea de que otro mundo es posible.
Después de un receso de dos semanas y tras la ministerial de Montreal, Canadá, y dos reuniones claves en Bruselas, Bélgica, los encuentros de los últimos días en la sede de la OMC en Ginebra, Suiza, no han acercado compromisos para destrabar el comercio mundial.
Por iniciativa de Canadá, ministros de Relaciones Exteriores, de Comercio y de Agricultura de 25 países se reunieron en Montreal a finales de julio para tratar de allanar el camino hacia Cancún. Por América latina participaron Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile y México.
Cuatro temas acapararon las negociaciones. La reducción de las ayudas de Estados Unidos (EU) y la Unión Europea (UE) a la producción agrícola, el acceso a los mercados, la venta de medicinas de bajo costo a las naciones pobres y la demanda europea porque se protejan unas 36 marcas de alimentos y bebidas con nombres de localidades comunitarias.
Al concluir el encuentro, hubo más frustraciones que avances. EU no hizo concesiones en el tema agrícola y mantuvo el bloqueo al asunto de los medicamentos. Enlistó un reducido número de enfermedades como el sida, la malaria, la tuberculosis e infecciosas similares y permitió a las 48 naciones más pobres del mundo excepciones para adquirir medicamentos para combatirlas. Lo que demandan los países pobres es que los medicamentos esenciales sean declarados un bien público a escala mundial.
La UE, por su parte, puso sobre la mesa la posibilidad de reducir en un 60%. Antes de llegar a Montreal, la UE había anunciado reformas a la Política Agrícola Común (PAC) hacia el 2006, pero sin entregar cifras específicas.
El producto de la cita fue evidente. Resulta muy difícil llegar a la cumbre de México con posturas lo suficientemente cercanas como para obtener resultados concretos.
Más tarde en Bruselas la UE y los 79 países de la zona de África, Caribe y Pacífico (ACP), emitieron una declaración conjunta en la que calificaron la cumbre de Cancún como "una oportunidad única" para asegurar que el comercio multilateral garantizará a las naciones pobres una participación justa, promoverá el crecimiento económico, el desarrollo sostenible, aumentará la seguridad alimentaria y contribuirá a reducir la pobreza. En esa reunión, la UE respaldó la posición de los países de la ACP para que la liberalización de los productos agrícolas, industriales, pesca y forestales, sea gradual y suficientemente flexible.
Mientras se producían esas iniciativas, el director general de la OMC, el tailandés Supachai Panitchpakdi, y el presidente del Consejo General de la OMC, el uruguayo Carlos Pérez del Castillo, demandaban desde Ginebra a EU y la UE a dar señales "claras y urgentes" que confirmen que están dispuestos a mover sus peones en las estancadas negociaciones agrícolas. Sin desbloquear esas negociaciones es imposible avanzar en otros temas, porque la agricultura marca el ritmo de todo
El Banco Mundial (BM), a través de su vicepresidente para Asuntos Exteriores, Ian Goldin, también pidió a los países ricos la apertura de sus mercados para reducir el "terrible" impacto que tienen sus políticas agrícolas sobre las naciones en vías de desarrollo.
Como respuesta a esos reclamos de la OMC, los ministros de Relaciones Exteriores de la UE se pronunciaron por un compromiso para finalizar exitosamente las negociaciones de la Agenda del Desarrollo suscrita en Doha en noviembre del 2001 y que tiene como fecha límite diciembre del 2004. Reiteraron que todos los involucrados "deberían intensificar sus esfuerzos" para alcanzar acuerdos "ambiciosos, amplios y equilibrados".
Cancún está precedido del lanzamiento de negociaciones comerciales globales bajo la denominada Ronda Uruguay en 1986, que culminó en 1994 y dio paso a la OMC en 1995, en Maraquesh, Marruecos. Un año después se celebró la Cumbre Ministerial de Singapur y luego vino la fracasada reunión de Seattle, estado de Washington, en 1999 donde no pudo lanzarse una nueva ronda de negociaciones que se realizó, posteriormente, en Doha, Qatar, en el 2001.
Los últimos eventos se precipitaron y EU se subió al barco comunitario. La semana pasada se produjo el contacto en Bruselas entre los negociadores estadounidenses y europeos. Los comisionados de la UE, luego de una conferencia telefónica de cinco horas con el representante comercial de EU, Robert Zoellick, acordaron reducir los subsidios a los precios internos y los aranceles a las exportaciones agrícolas.
EU frenaría un programa de garantías de préstamos por $3,000 millones en créditos anuales para las exportaciones agrícolas, si la UE hace lo mismo con los $2,100 millones que representa su programa anual en ese tipo de subsidios. Eso se refiere únicamente a las ayudas a las exportaciones. En el documento de tres páginas hay escasos detalles sobre la cuestión arancelaria, lo único que parece claro es que EU abandonó la idea de crear un mundo libre de aranceles hacia el 2015, como lo había propuesto el presidente George W. Bush.
El año pasado la producción agrícola de la UE representó unos $275,000 millones, mientras que la de EU fue de $70,000 millones. Ambas economías otorgan en subsidios agrícolas unos $280,000 millones anuales a sus productores. Estadounidenses y europeos dijeron que el anuncio fue una respuesta al liderazgo que le exigían el resto de naciones del mundo y manifestaron la esperanza porque pueda avanzarse en negociaciones constructivas en los demás temas.
Sin embargo, el plan fue recibido con frialdad por las naciones pobres y las que integran el Grupo Cairns, fundado en una ciudad australiana del mismo nombre por los países que no subsidian su producción agrícola. Ese grupo al que pertenecen 17 naciones, entre las que figuran Australia, Canadá, Argentina, Brasil, Colombia y Chile, aboga por el fin de los subsidios agrícolas y la eliminación de los aranceles. Naciones de África y Asia apoyan reducciones graduales por temor a ser inundados por importaciones baratas y subvencionadas por los grandes exportadores.
Pero el camino hacia Cancún presenta otros tropiezos. Se trata de la inclusión de los llamados temas de Singapur en las próximas negociaciones. Estos tienen que ver con inversiones extranjeras, políticas de competencia, facilidades de comercio y transparencia en las compras gubernamentales.
Unos 80 países se oponen a incluirlos en la agenda de Cancún y promueven el lanzamiento de una nueva ronda de negociaciones sobre los temas de Singapur.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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