Los países de Latinoamérica, incluyendo Panamá, corren el riesgo de estar siendo invadidos por una gran cantidad de productos peligrosos que han sido prohibidos en Europa por no cumplir con los controles de calidad.
De acuerdo a Secundino Rujano, presidente de la Unión Nacional de Consumidores de Panamá (UNCUREPA), el gremio ha iniciado los contactos con las agrupaciones europeas, debido a que se han enterado que muchos productos que no cumplen con las normas de calidad y seguridad establecidas por la Comunidad Europea están siendo enviados hacia América Latina.
De acuerdo a Rujano este intercambio directo de información con los consumidores del viejo continente contribuirá a que los panameños puedan conocer cuáles son estos artículos y pedir que el Gobierno los saque del mercado de forma inmediata.
El presidente de UNCUREPA, que participó con los directivos de otras agrupaciones de consumidores de todo el mundo en la IV Conferencia Mundial de Consumidores, indicó que el acceso a esta información demuestra que el movimiento de consumidores en el país lleva un desarrollo tremendo, y ya está más que comprobado que se "ha puesto los pantalones largos".
Explicó que hace tan sólo unos años los panameños estaban sometidos a los caprichos de los agentes económicos, no obstante ahora su voz es escuchada por las autoridades y pueden denunciar públicamente cualquier irregularidad que detecten en el mercado.
Rujano enfatizó que actualmente el mejor castigo que le pueden dar los compradores a un comerciante abusivo es "no comprarle sus productos, porque habrá que ver qué va a hacer cuando toda la mercancía se le empiece a quedar en los anaqueles".
Precisó que cualquier persona que lo desee puede ingresar a la UNCUREPA y sólo debe llenar una solicitud, pagar una inscripción de B/.5.00 y una mensualidad de B/.2.00
Por su parte, el representante de los Consumidores de la Unión Europea, Danilo Dotto, que aprovechó el encuentro para intercambiar información con Rujano, precisó que las asociaciones de consumidores en Latinoamérica deben recibir apoyo económico de parte de sus gobiernos para funcionar, tal como sucede en Europa, ya que son los únicos que pueden garantizar una competencia efectiva en un sector específico.
Sin embargo, aceptó que en América Latina como en Estados Unidos esta práctica no se acostumbra, dado que se piensa que si una agrupación recibe dinero público, entonces no podrá criticar a las entidades del Gobierno y pierde su garantía de independencia.
Para Dotto, el principal triunfo de las organizaciones de consumidores es que han logrado que de manera individual las personas puedan exponer sus quejas y denunciar a los grandes consorcios privados, así como a las empresas estatales encargadas del suministro de los servicios básicos.
Destacó que en la medida que los consumidores se agrupen y sean más fuertes podrán garantizar que el mercado sea más seguro y transparente.
Cito como ejemplo que en Europa los compradores, a base de presiones, lograron sacar del mercado una serie de productos genéticamente modificados, considerados peligrosos para la salud, a pesar de que las compañías que los crearon se cansaron de decir que su consumo no era dañino.
Agregó además, que las agrupaciones de consumidores deben tener la capacidad de realizar análisis independientes con sus propios fondos, sobre todo, de aquellos productos de los que pende una tela de duda y si no los tienen, pueden recurrir a los estudios realizados en el mismo campo por otras entidades en otras regiones o países.
En tanto, José Vargas Niello, director regional de Consumers International, que fue uno de los expositores del congreso de consumidores, señaló que en los últimos 10 años las organizaciones de consumidores en Latinoamérica han tenido un desarrollo notable, ya que en 1995 únicamente existían unas 5 agrupaciones, sin embargo, hoy día funcionan 33 en 25 países.
Lo interesante de este desarrollo, dijo, es que además los gobiernos también despertaron y han incorporado el tema de la protección a los consumidores en sus agendas de trabajo.
Recalcó que en estos momentos las personas encuentran que es fácil agruparse para defender sus derechos, porque los problemas que deben encarar son concretos y no se deben enfrentar a grandes utopías, sino que su lucha es porque se dé un consumo racional y por la dignidad humana.
Explicó asimismo que actualmente existen organizaciones de consumidores que cuentan hasta con 50 mil miembros, lo que las hace una fuerza económica y política que no puede ser pasada por alto, ni por los gobernantes ni por los empresarios.
Acotó que después de todos los avances que se han logrado, la próxima lucha que deberán librar los consumidores será contra el hermetismo y la falta de transparencia que existe en los mercados, que ocultan y no dan toda la información que los compradores necesitan para evaluar un producto a la hora de adquirirlo.