Una nueva huelga en el transporte publico sacudió ayer la vida en Los Angeles al sumarse a la de los empleados de supermercados, ambas para exigir el mantenimiento de las prestaciones del seguro médico.
Se trata del mismo punto de conflicto que tiene en punto muerto las negociaciones de un nuevo convenio para el cuerpo de policía de Los Angeles, que en estos días se encuentra también al borde de la huelga.
La nueva huelga de transporte, la segunda en tres años, afectará a los cerca de medio millón de pasajeros que utilizan diariamente este servicio en el área de Los Angeles.
Aunque el número de pasajeros no es tan elevado como haría pensar el tamaño de esta ciudad, la segunda más grande de Estados Unidos con unos nueve millones de habitantes, su efecto se sentirá entre los residentes más pobres, los únicos que utilizan el transporte público en esta metrópoli donde el automóvil es el rey.
De hecho, tras algún atasco a primera hora de la mañana, el tráfico se siente incluso más fluido que de costumbre ante la ausencia de los autobuses y su ritmo lento con múltiples paradas.
Sin embargo, los que no tienen vehículo propio se han tenido que ingeniar su forma de transporte, al recurrir en algunos casos a compartir el coche del vecino o dividir su recorrido en múltiples trayectos cortos para poder utilizar los minibuses de compañías privadas que no están afectados por las huelgas.
En el sector alimenticio, la huelga de las principales cadenas de supermercados, que incluye las tiendas Albertsons, Ralphs y Vons junto con su filial Pavillions, entra en su cuarto día de huelga después de que se rompieran el sábado las conversaciones.
El espíritu se mantiene festivo entre los piquetes que se manifiestan a la puerta de los supermercados, abiertos tras haber contratado a empleados temporales.
Aún así, existe la preocupación sobre la duración de un conflicto que afecta a 70,000 empleados en este sector.