El término “servicios al ecosistema” apareció por primera vez en 1997 en un artículo científico sobre investigaciones en América Latina. Desde entonces, el número de publicaciones que aborda cómo las economías modernas dependen de los servicios de la naturaleza, como el secuestro de carbono y el agua dulce, ha ascendido dramáticamente.
Los principales servicios ecosistémicos que proporciona la biodiversidad son el ciclo de los nutrientes, la retención del carbono, la regulación de plagas y la polinización, ya que sostienen la productividad agrícola.
La promoción del funcionamiento saludable de los ecosistemas asegura la resistencia de la agricultura, a medida que esta se intensifica para satisfacer la demanda creciente de alimentos en el país.