La guerra que se libra en la política año tras año, es uno de los principales obstáculos que limitan los resultados positivos para erradicar el hambre.
Ni aún, con el apoyo de organismos internacionales se ha logrado dar la oportunidad a nuestros indígenas y pobladores de la campiña interiorana, alcanzar la capacidad y el conocimiento adecuado para que sean autosostenibles.
Lo peor es que son los indefensos niños quienes sufren las consecuencias de la falta de alimentos y empleo, ya que sus pequeños cuerpecitos no resisten tantas horas de hambres.
Panamá requiere de una política más aguerrida en contra de estos flagelos que vaya más allá de promesas, que demuestre la voluntad de cambiar el panorama oscuro que nos quiere cubrir.