Cuando una concesionaria de autos le ofreció a Eugenijus $1.86 por hora para vender vehículos caros, este decidió que era hora de abandonar Lituania. El sueldo era un tercio de lo que ganaba antes de la peor recesión de la región del Báltico en dos décadas.
“Fue la gota que colmó el vaso”, dijo el joven de 27 años, que no quiso revelar su apellido debido a que en Lituania la inmigración puede considerarse algo negativo. Se trasladó a Gran Bretaña, donde las 6.25 libras ($9.88) por hora que gana ahora lavando platos le permiten vivir y estudiar música en la Universidad de Derby.
Los gobernantes de la Unión Europea mencionan a Estonia, Letonia y Lituania como ejemplos de cómo la austeridad puede impulsar el crecimiento, dado que los tres estados redujeron el déficit presupuestario luego de la crisis financiera de 2008.
La realidad es que los trabajadores abandonan los tres países en un intento de recuperar el poder adquisitivo que ni siquiera el ritmo de crecimiento más rápido de la UE ha restablecido. Los países bálticos tienen el ritmo de emigración más rápido de la UE, y hay quienes siguen llegando a Grecia.
De persistir, el éxodo podría hacer más difícil encontrar mano de obra para la fabricación de productos cuyas ventas al exterior han impulsado la expansión. Lituania, por ejemplo, tiene que aumentar la productividad para contrarrestar las “tendencias demográficas negativas”, dijo Swedbank AB en un informe de análisis del 2 de marzo.
En la actualidad, Ericsson AB fabrica equipamiento para redes inalámbricas en Estonia, mientras que la mexicana Cemex SAB produce cemento en Letonia. Las finanzas estatales también corren peligro como consecuencia de la menor recaudación impositiva, lo que presiona las arcas públicas en momentos en que aumenta la cantidad de jubilados en relación con los 6.6 millones de habitantes de la región y llega a los niveles más altos de la UE.
“Lo que tenemos ante nosotros no es un resultado exitoso” para los estados bálticos, dijo por correo electrónico Liza Ermolenko, una economista de Capital Economics en Londres.
“Dado el envejecimiento de la población, la pérdida de población joven educada ensombrece las perspectivas económicas”.