Los reguladores del mercado de valores de Hong Kong han solicitado a las autoridades panameñas que investiguen a esta compañía, cuyo nombre tienen que mantener en reserva a petición del país asiático.
Sin embargo, en una investigación en Internet, El Panamá América, pudo confirmar que The Securities and Futures Commission of Hong Kong (SFC), organismo independiente que se encarga de velar por la seguridad del mercado de valores, ha lazando una lista de "alerta" entre las que se encuentra Rockwell and Bond, S.A., identificada con representación desde Panamá.
SFC asegura que muchas de las compañías que aparecen en el listado, se presentan como si tuvieran operaciones en Hong Kong, usando un correo o cuenta bancaria del país, cuando en realidad no tienen sus operaciones en este territorio.
Simultáneamente, las empresas pueden funcionar en ultramar y entrar en contacto con inversionistas potenciales en Hong Kong y tener transacciones bajo el conocido sistema de "boiler rooms". En los archivos del Registro Público, Rockwell and Bond, S.A., figura como una sociedad anónima, creada el 25 de mayo de 2002.
Los nombres de sus dignatarios no son claramente identificados, porque aparecen en este renglón otras compañías. Como presidente figura, Braithwaite Holding Limited; tesorero, Breganstone Holding Limited y secretario, James Gray Holding Limited.
Aunque las autoridades de la Comisión Nacional de Valores de Panamá (CNV) no quisieron entrar en detalles sobre el nombre de la compañía, manifestaron que iniciaron averiguaciones preliminares, en la que se descubrió que la empresa efectivamente está registrada en el país. Además, se descubrió que celebraron un contrato de arrendamiento con oficinas locales.
Sin embargo, nunca operó físicamente desde la oficina temporal que parece que sólo fue un punto de referencias como centro de llamadas. La CNV no pueden hacer nada en contra de la empresa, porque se carece de sujeto físico para proceder legalmente.
El "conocido cuarto de la caldera" no es más, que un grupo de vendedores profesional, que operan en un cuarto repleto de teléfonos, quienes utilizan tácticas agresivas de ventas. La operación se inicia con la adquisición, por la empresa de fraude, de un listado depurado de potenciales clientes quienes poseen recursos y tiene ciertos hábitos característicos de inversión e historial de invertir.
Con ello se busca atacar al mercado directo. No son llamadas telefónicas improvisada. Se trabaja al cliente mediante llamadas, conversando sobre futuras emisiones de acciones de empresas con mucho futuro que pueden ser los Microsoft del mañana.
Se les presiona de todas las formas, con métodos agresivos de mercados para que inviertan. Esto se hace por teléfono o vía correo electrónico y nunca hay reunión "cara a cara".
Los vendedores demandan representar una firma legítima. Pueden utilizar "oficinas virtuales" para volver a dirigir llamadas y correos a las localizaciones de ultramar en donde podrían ser remontados.
Los que caen en la trampa deben enviar dinero en fuertes cantidades. En los casos más burdos luego del envío se pierde toda comunicación con la supuesta empresa.
Cuando los inversionistas desean vender su acción descubren que es demasiado tarde. Estos cuartos de la caldera pudieron haberse movido a otras localizaciones y desaparecer con el dinero.
Los inversionistas, entonces, descubren que sus certificados de acciones son falsificaciones sin valor y no pueden recuperar su dinero.
La historia no termina aquí. Los operadores del sitio de la caldera pueden golpear a un inversionista dos veces. En la segunda etapa aparece otra empresa que contacta al mismo cliente afectado y le asegura que él puede hacer gestiones profesionales para recuperar el dinero perdido.
El truco es que la víctima debe enviar nuevamente dinero para poder iniciar la recuperación. De esta forma algunos son burlados dos veces. El cliente o víctima desconoce con quien ha tratado, no tiene muchos datos y sus llamadas no son contestadas al igual que sus cartas. Su dinero cayó en saco roto.
Un grupo de telefonistas maneja un listado de clientes que poseen recursos para comprar acciones.
Convencen a los inversionistas para que compren las acciones, porque esa es la oportunidad de su vida.
El que cae en la trampa envía dinero y cuando quiere vender sus acciones se dan cuenta que sus títulos son falsos.
Aparece otra empresa que dice que recuperará el dinero.
El cliente envía nuevamente la misma suma de y pierde comunicación con los agentes vendedores.