El banquero francés Jean-Claude Trichet asumió ayer la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) por un período de ocho años, en los que supervisará la política monetaria de la eurozona.
El cambio en la cúpula de la entidad emisora se produce en la más absoluta normalidad, como lo demuestra un escueto comunicado de tres párrafos emitido ayer por el BCE sobre el primer relevo en la presidencia en los más cinco de cinco años de su historia.
Trichet, que sustituye en el cargo a Wim Duisenberg, se pone al frente del instituto europeo establecido en 1998 en un momento delicado para la economía de los doce países del área, con unas perspectivas de crecimiento modestas de tan solo el 1.8% en 2004, según las últimas previsiones de la Unión Europea (UE).
La reciente apreciación del euro, en detrimento de las exportaciones europeas, es otro reto que deberá afrontar el economista galo, cuya candidatura al puesto estuvo pendiente de un hilo hasta que el pasado verano fue definitivamente absuelto de haber manipulado las cuentas del antiguo banco estatal Credit Lyonnais, cuando era director del Tesoro francés.
La observancia del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que países tan importantes como Alemania y Francia infringirán este año, es otro de los objetivos que se encargará de recordar el economista a los Estados miembros del área.
Al igual que su antecesor, Trichet será "el primero entre iguales" en el directorio de la entidad, al que pertenecen el vicepresidente, Lucas Papademos; el economista jefe, Otmar Issing; el responsable de billetes y estadísticas, Eugenio Domingo Solans, el italiano Tommaso Padoa-Schioppa y la austríaca Gertrude Tumpel-Gugerell.
Sus primeras intervenciones en público serán mañana en Atenas, en la celebración del 75 aniversario del banco central griego, y el jueves, día 6, la conferencia de prensa mensual tras la reunión habitual del consejo de gobierno.
Casi todos los analistas creen que en esta ocasión Trichet dejará inalterados los tipos de interés, que desde junio de este año están en el 2.0%, el mínimo en más de medio siglo en los países que hoy conforman la Unión Monetaria.
Tampoco se espera que Trichet, conocido por su pragmatismo y adherencia al principio de estabilidad de los precios, intente introducir cambios fundamentales en la política monetaria, que es decidida de manera colegiada por los gobernadores de los doce bancos centrales de la zona euro y los seis miembros del directorio.
Defensor a ultranza de un franco fuerte en la pasada década al frente del Banco de Francia, Trichet se ganó el apoyo de "ayatolá del franco", por la ortodoxia con que dirigió el banco central en París y no se dejó intimidar por las presiones políticas para cambiar el rumbo monetario.
En declaraciones a la televisión alemana, el economista insistió en que mantendrá la estrategia de un "euro fuerte y estable", como la que el banco ha seguido durante el mandato de Duisenberg.
En los primeros meses de la Unión Monetaria, a partir de 1999, el equipo del holandés Duisenberg defendió a ultranza la independencia del BCE y resultaron fútiles las presiones políticas de Berlín y París para que la entidad recortara el precio del dinero.
Trichet aporta al cargo excelentes credenciales como banquero central, comparables a las del gobernador de la Reserva Federal de EU, Alan Greenspan, y su conducta será, como hasta ahora, de total adherencia al postulado monetario de estabilidad de los precios y al Pacto de Estabilidad y Crecimiento.
El economista, aficionado al arte y a la poesía, ha criticado con dureza a su propio país por incumplir este año el precepto de que su déficit fiscal no esté por encima del techo del 3% del Producto Interior Bruto (PIB).