Los líderes de la Unión Europea han decidido está semana mantener el rumbo fijado hace un año hacia una economía con bajo consumo de carbono a pesar de los nubarrones que se ciernen sobre el ritmo de crecimiento, la competitividad y el empleo en Europa.
La cumbre de primavera de la Unión Europea, dedicada desde hace un tiempo casi exclusivamente a hacer balance de las reformas económicas contenidas en la denominada "Agenda de Lisboa", se ha cerrado ayer en Bruselas con el compromiso unánime de seguir adelante con los ambiciosos planes de lucha contra el cambio climático.
Este programa, cuyos objetivos cifrados quedaron establecidos hace un año, lejos de constituir una mera apuesta medioambiental, representa una radical transformación de la política industrial y de las bases de la economía europea.
Como ha señalado el anfitrión de la cumbre, el primer ministro esloveno, Janez Jansa, los europeos conciben "el desafío" del cambio climático como "una oportunidad" de encarrilar su economía por una nueva vía, moderna, segura y sostenible, y de encabezar una nueva revolución tecnológica en la zona euro.