Un 50% de los turistas a bordo del Seabourn Sun arribaron ayer al país, no exactamente como se había planeado, pero llegaron. La primera parada, en medio de una llovizna, se hizo inesperadamente en el muelle del Smithsonian, en la Calzada de Amador y no en la rampa provisional a unos cuantos metros de la entrada del proyecto de Fuerte Amador como indicaban los planes.
Los cambios, según los promotores, fueron casi imperceptibles para los turistas, quienes ya sabían de antemano que el puerto de cruceros aún no estaba listo, aunque la parada se programó porque la prestigiosa línea Seabourn Cunard encontraba interesante desembarcar en Panamá a su paso por el Pacífico.
Sin embargo, quienes resintieron el cambio en el programa fueron los artesanos de la etnia Emberá, que apostados al final de la rampa esperaban ansiosos con sus artesanías y atuendos típicos a los pasajeros que en ese momento fueron desviados.
Pero todos estos ajustes de última hora, no serán la tónica característica cuando en febrero desembarque la próxima nave, indicó el arquitecto y accionista del proyecto, Miguel López Piñeiro, quien en medio de los pequeños contratiempos reiteró que dentro de unos seis meses estará listo el muelle para los minicruceros.
El próximo año el escenario será diferente, cuando esté lista la marina internacional que albergará a yates, megayates y embarcaciones privadas, un centro comercial, que alojará tiendas, bares, cafés y museos, además de un hotel, y tal vez lo más importante del proyecto: el tercer puerto de cruceros en el país, que será la alternativa para el mercado en el Pacífico.
Por su parte, Augusto Boyd, accionista mayoritario de Fuerte Amador Resort & Marina, que tiene un costo de 30 millones de dólares, manifestó que la visita de este crucero que transporta a unos 700 pasajeros, sirve de estimulación para seguir con su principal objetivo, que es "convertir a Panamá en un destino turístico".
Al no estar habilitado el muelle, los pasajeros, casi todos de la tercera edad, tomaron una lancha al pie del crucero para ser transportados al muelle, pero al consultar a unas cuantas parejas, esto para nada les incomodó. Al llegar a tierra firme, varios buses esperaban por los turistas, para dar un tour por diversos lugares de la ciudad. Los que prefirieron las compras visitaron vía España, calle50 y Obarrio; por otro lado, quienes se sientieron atraídos por la historia fueron a las ruinas de Panamá La Vieja, mientras que los amantes de la marina y las majestuosas obras hechas por el hombre, dieron un salto a las esclusas de Miraflores.
En esta ocasión los funcionarios en representación del Gobierno y los promotores del proyecto abordaron la nave para darle la bienvenida a la tripulación. El ministro de Comercio e Industrias, Joaquín Jácome le obsequió una vasija (réplica) de arte precolombino al capitán de la nave Tore Lura, y el alcalde de la ciudad, Juan Carlos Navarro, le entregó un pergamino.
Jácome indicó que con la llegada de este crucero, Panamá se encamina como un "home port" en el Pacífico, lo cual ha contribuido a generar unos 750 empleos en la etapa de construcción, más los 500 empleos que se crearán cuando la terminal opere con toda la infraestructura habilitada.
Para los inversionistas, "convertir a Panamá en un "home port" no será difícil, porque el país cuenta con una selva tropical exuberante, playas de arena blanca, el agresivo comercio dirigido por el dólar, y ahora los puertos de cruceros; para ser el paraíso perfecto, sólo faltaban los turistas, que ya están llegando y de seguro quedarán enamorados del país".