Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
El acceso a los mercados de América Latina y el Caribe registró algunos avances importantes en su inserción internacional durante el quinquenio 2005-2009.
Sus exportaciones tuvieron una fase expansiva entre 2003 y la primera mitad de 2008, atribuible en buena parte a un contexto externo favorable debido a los altos precios de los productos básicos.
Sin embargo, a partir del segundo semestre de 2008 ellas se desaceleraron, y durante 2009 experimentaron una drástica caída producto de la crisis económica global, en línea con la contracción que registró el comercio en todo el mundo.
Las cifras más recientes disponibles indican que casi el 95% de las exportaciones de la región a los países desarrollados (medidas por valor) ingresa a dichos mercados libre de aranceles, proporción considerablemente mayor que en el conjunto de los países en desarrollo y superior incluso a la cifra para el conjunto de los países menos adelantados.
Sin embargo, persisten en los países desarrollados elevados niveles de protección arancelaria en sectores de especial interés exportador para la región, en particular el agrícola. Asimismo, barreras no arancelarias como reglas de origen o estándares sanitarios y técnicos estrictos pueden en muchos casos impedir el aprovechamiento de las preferencias arancelarias disponibles para las exportaciones de la región.
Las ayudas concedidas por los países desarrollados a sus sectores agrícolas descendieron de un 2% del PIB en 2000 a un 0,8% en 2008, pero se mantienen en niveles elevados, tanto en términos absolutos como en relación con la asistencia oficial al desarrollo otorgada por dichos países.
Estos subsidios continúan distorsionando las condiciones de competencia en los mercados internacionales en un sector de especial importancia para los países en desarrollo en general, y para la región en particular. Resulta por lo tanto imperativo lograr compromisos vinculantes para su reducción, así como para la eliminación de los subsidios a las exportaciones agrícolas. Concluir pronto la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio resulta indispensable para ello, así como para contener las presiones proteccionistas que han surgido tras la irrupción de la crisis.
Pese a haber mejorado considerablemente su acceso a los principales mercados por la vía de acuerdos comerciales, América Latina y el Caribe enfrenta aún importantes restricciones internas que le impiden insertarse de mejor manera en las corrientes del comercio internacional.
Entre ellas se cuentan información insuficiente sobre oportunidades comerciales, formalidades excesivas para exportar o importar, financiamiento inadecuado para las pymes, y problemas de logística e infraestructura. La iniciativa de ayuda para el comercio, surgida en 2005 en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio, apunta precisamente a superar esas restricciones.
Si bien la participación de la región en las corrientes mundiales de ayuda para el comercio aumentó de un promedio del 7,1% en el período comprendido entre 2002 y 2005 a un 8% en 2007, ella es muy inferior a la de otras regiones en desarrollo. Para subsanar esta situación, los países de la región deben situar a la ayuda para el comercio como un componente central de sus demandas de cooperación internacional, vinculándola con la facilitación del comercio por medio de la presentación de proyectos que le permitan avanzar en este ámbito.
Pese a la fuerte caída que experimentó en 2009 como producto de la crisis, el comercio internacional continuará siendo una fuente de oportunidades para el crecimiento económico y el desarrollo sostenible de la región en el mediano y largo plazo, sobre todo si esta logra mejorar la calidad de su inserción internacional.
No obstante los avances registrados en materia de acceso a mercados, la región aún debe transitar desde un patrón en que predomina el comercio interindustrial, basado en exportaciones de recursos naturales con bajo nivel de procesamiento, a uno de creciente inserción en las cadenas globales de valor de tipo intraindustrial. Para lograr dicha transición, el principal reto sigue siendo lograr una mayor diversificación productiva y exportadora, fortaleciendo los vínculos entre el desarrollo exportador y productivo e incorporando más conocimiento y tecnología a las exportaciones.
Asimismo, América Latina y el Caribe debería acercarse de manera mucho más proactiva y coordinada al Asia, región en la cual se prevé que se concentre el mayor dinamismo económico mundial en las próximas décadas.
Finalmente, existe una urgencia de incorporar la temática de la sostenibilidad ambiental, incluido el cambio climático, en las agendas nacionales y regionales de crecimiento, competitividad e innovación.
Cabe resaltar que los avances registrados en el último decenio en los indicadores de acceso de las exportaciones de la región a los países desarrollados no se han traducido en un aumento importante en la gama de productos agropecuarios exportados a dichos mercados. América Latina y el Caribe todavía depende de un grupo reducido de productos como fuente estable de ingresos por exportaciones.
Por ello, enfrenta el desafío de constituir una estrategia de largo plazo para diversificar su canasta de productos exportables, así como los mercados de destino, con el fin de disminuir la dependencia y vulnerabilidad respecto de la estabilidad de los ingresos comerciales.