Estados Unidos dijo hoy que la "retórica" de Corea del Norte "claramente no ayuda" en su relación con la comunidad internacional y en el diálogo nuclear, tras su anuncio de anular todos los acuerdos de no confrontación con Corea del Sur.
"Este tipo de retórica claramente no ayuda, pero eso no nos impide continuar con nuestros esfuerzos por lograr la desnuclearización nuclear de la península norcoreana a través de las conversaciones a seis bandas", afirmó el portavoz adjunto del Departamento de Estado, Robert Wood.
El diálogo a seis bandas, que se inició bajo el Gobierno de George W. Bush, se encuentra estancado desde que en diciembre, en una reunión en Pekín, Corea del Norte se negó a firmar un protocolo de verificación, un paso considerado como imprescindible por Estados Unidos y los otros países negociadores.
En las conversaciones participan las dos Coreas, China, Japón, Rusia y Estados Unidos.
Wood reiteró la postura de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, sobre la estructura de las negociaciones, la cual considera "útil", y afirmó que ella trabajará con sus socios regionales.
"Corea del Norte es una prioridad para nosotros y todavía creemos que el marco del diálogo a seis bandas es útil. Estamos comprometidos con el objetivo de la desnuclearización y trabajaremos con nuestros aliados en la región y con otros para conseguir la desnuclearización que todos queremos ver", concluyó.
La política de Estados Unidos hacia Corea del Norte está siendo revisada por la administración del presidente Barack Obama.
El Comité para la Reunificación Pacífica de Corea, organismo norcoreano encargado de las relaciones con Seúl, anunció hoy que anulará "todos los acuerdos que tenían como objetivo poner fin a la confrontación política y militar" con Corea del Sur.
Corea del Norte utilizó un mensaje contundente y dejó la puerta abierta a un nuevo enfrentamiento militar en el Mar Amarillo (Mar Occidental), años después de los últimos choques militares con víctimas mortales en 2002.
No se trata de las primeras amenazas norcoreanas contra el Gobierno del presidente conservador Lee Myung-bak, pero sí las más serias, desde que asumió el poder en febrero de 2008 con un programa de mano dura hacia Pyongyang, que puso fin a una década de política de reconciliación.