En una sentencia sin precedentes, el anterior presidente de Israel, Moshe Katsav, ha sido condenado hoy en el Tribunal de Distrito de Tel Aviv a siete años de prisión por violación y agresión sexual.
Katsav afrontaba a la posibilidad de pasar hasta dieciséis años en la cárcel y la Fiscalía había pedido un castigo ejemplar por los delitos de los que ya había sido declarado culpable en diciembre.
Tras la lectura de la pena, Katsav rompió a llorar, perdió los nervios y comenzó a gritar al juez: "¡Te equivocaste, has permitido que gane la mentirosa!", según el relato de los periodistas presentes en la sala, donde no se permitió el acceso a camarógrafos.
"¡Las mujeres saben que mintieron!. ¡Saben que mintieron, se están riendo con la sentencia!", agregó mientras se abrazaba a uno de su hijos.
Quien fuera jefe de Estado entre 2000 y 2007 también ha sido condenado a dos años de libertad condicional y a pagar 100.000 shekels (unos 20.000 euros o 28.300 dólares) a la mujer que violó y otros 25.000 shekels (unos 5.000 euros o 7.000 dólares) al resto de demandantes.
Katsav ingresará en prisión el próximo 8 de mayo, que este año coincide con el Día de la Independencia, en el que se celebra la creación del Estado de Israel en 1948.
"La violación es una de las ofensas más serias en la legislación, por lo que el castigo debe ser claro y preciso", recordó el juez principal, George Karra, al inicio de la lectura de la pena.
Karra subrayó que el exjefe de Estado "cometió el delito y debe cumplir el castigo como cualquier otro hombre" porque "nadie está por encima de la ley".
"La afirmación de que ver a un expresidente del país ir a la cárcel es demasiado doloroso es un argumento emocional, pero definitivamente no puede ser aceptado como un argumento ético", añadió.
Uno de los tres jueces presentó un voto particular en el que estimaba que la pena debería reducirse a cuatro años.
A la salida de la corte, uno de los abogados del exjefe de Estado, Sión Amir, adelantó ante las cámaras que apelará al Supremo (aunque generalmente no retrasa la fecha de entrada en prisión) y acusó a la prensa de mostrar sólo una "realidad parcial" del proceso judicial.
Katsav había sido declarado culpable en diciembre por dos violaciones de una ex funcionaria del Ministerio de Turismo, cargo que ocupó entre 1996 y 1999; por abuso y acoso sexual a dos funcionarias de la Presidencia; y por delitos menores, como abuso de poder, obstrucción a la justicia y acoso a testigos.
Hoy abandonó el tribunal rodeado de una nube de periodistas y sin hacer declaraciones, al igual que sucedió al entrar cariacontecido en su domicilio en Kiriat Malaji, al norte de Gaza.
Poco después comenzaron las reacciones, como la de satisfacción de la principal demandante, identificada con la inicial "A".
"Aunque no es día feliz para mí, me siento realmente satisfecha con la sentencia, que se corresponde con los graves actos señalados en la sentencia judicial", señaló "A".
Por su parte, el primer ministro Benjamín Netanyahu habló de un "día de tristeza y vergüenza, pero también de profundo aprecio y orgullo por el sistema israelí de justicia".
"El tribunal ha dictado una sentencia incisiva e inequívoca basada en un principio simple: la igualdad frente a la ley. Nadie está por encima de la ley, ni siquiera un ex presidente", dijo en el puerto de Yafa, adyacente a Tel Aviv.
La líder de la oposición y ex titular de Exteriores, Tzipi Livni, señaló en la misma línea que "no es un día de alegría", pero manifestó su "gran esperanza" de que el país "esté experimentando un cambio" hacia la completa igualdad ante la Justicia.
Por Antonio Pita
Moshe Katsav, de admirado hombre hecho a si mismo a repudiado violador
Religioso y tradicional, Katsav ha dejado de recibir en los cuatro últimos años las palmadas en la espalda que le acompañaron durante su fulgurante ascenso político para quedarse solo, con el único apoyo de su familia, sus vecinos y sus cada vez más frecuentes diálogos con Dios.
El proceso judicial ha enterrado su fama de discreto y dialogante para convertirle en una persona obsesionada con demostrar su inocencia, que pierde fácilmente los papeles y que ha cargado contra todo y todos, principalmente los periodistas, a los que culpa de su condena.
Katsav nació en Irán, concretamente en la céntrica ciudad de Yazd, en 1945 y llegó a Israel con cinco años de edad junto con nueve hermanos.
Su familia era una más de la ola de emigrantes judíos de los países árabes que comenzaron a asentarse en el recién nacido Estado de Israel.
Su infancia transcurrió, como la de muchos de aquellos inmigrantes sefardíes (originarios sobre todo de Oriente Medio y del norte de África), en un campo de refugiados en la periferia formado por tiendas de campaña, Kastina, mientras que los hijos de los judíos asquenazíes (procedentes del centro y el este de Europa) crecían en alojamientos más dignos.
Ese campo se transformó en la localidad de Kiriat Malaji, al norte de la franja de Gaza, de la que Katsav se convirtió en alcalde en 1969, con apenas 24 años, el más joven del país.
Ese mismo año contrajo matrimonio con Guila, una mujer asquenazí con la que tiene cinco hijos y que le ha mostrado un apoyo incondicional durante su travesía en el desierto, si bien optó por quedarse en casa el día de la sentencia, en diciembre, y en la lectura de la pena, esta mañana.
En 1968 había comenzado su carrera como activista estudiantil en la formación derechista Gahal (una de las antecesoras del partido derechista Likud que actualmente lidera el primer ministro Benjamín Netanyahu) cuando cursaba Economía e Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Compatibilizó sus primeros años de carrera política con los estudios universitarios, que costeaba dando clases privadas de historia y matemáticas.
Algo que no le impedía sacar una hora al día para, como buen miembro de una familia tradicionalista, estudiar el Talmud.
En un país donde un brillante pasado militar abre muchas puertas de entrada a la política, Katsav se limitó a cumplir los tres años de reclutamiento obligatorio, que acabó como cabo del cuerpo de comunicaciones, mientras trabajaba para ayudar a su humilde familia.
Desde un entorno difícil (fue el único universitario de su generación de todo Kiriat Malaji) y escaló en el mundo de la política desde la alcaldía (que recuperó entre 1974 y 1981) para convertirse en diputado durante trece años y sucesivamente ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, de Transportes y de Turismo, en distintos gobiernos del Likud.
Su origen iraní llevó al histórico primer ministro Menajem Beguin a enviarle a ese país para convencer a los judíos de que se establecieran en Israel.
Cuando en 2000 fue elegido por el Parlamento octavo presidente de Israel, el conservador Katsav era casi un desconocido y, según un sondeo de opinión realizado entonces, sólo el 19 por ciento de los israelíes deseaba que fuera su jefe de Estado.
Un abrumador 66 por ciento prefería al respetado candidato laborista que a la larga se convertiría en su sucesor, Simón Peres, pero Katsav obtuvo en el último momento el apoyo de los diputados ultra-ortodoxos (y se cree que de algunos laboristas que querían ajustar cuentas con Peres), que inclinaron la balanza a su favor.
Katsav marcó entonces un hito: fue el primer representante de la derecha en alcanzar la jefatura del Estado.
Pese a pertenecer a la derecha nacionalista, tuvo como presidente algunos gestos conciliadores, como cuando en plena Segunda Intifada se mostró dispuesto visitar el Parlamento palestino, algo que le prohibió el poder Ejecutivo.
Todos sus logros han quedado ensombrecidos con la condena por dos violaciones y agresión sexual que no sólo ha ensuciado su figura, sino también la imagen de un cargo supuestamente ejemplar.