El Foro Social vuelve a levantar las banderas de la rebeldía desde Brasil
El Foro Social Mundial, fundado en 2001 por el movimiento contra la globalización, regresa a Brasil después de cuatro años, para volver a levantar las banderas de la rebeldía y el pacifismo e insistir en su lema de que "otro mundo es posible".
Esta "internacional" de los inconformes, que moviliza a millones de jóvenes de todo el abanico de izquierdas del mundo, volverá a darse cita entre los días 27 de enero y 1 de febrero en la ciudad de Belén, en la Amazonía brasileña, para la que será la primera reunión global del movimiento desde la cita del 2007 en Nairobi.
El Foro Social celebró sus primeras tres ediciones en Porto Alegre (2001, 2002 y 2003) y en 2004 se sumergió en la pobreza de la ciudad india de Bombay, para regresar al sur de Brasil en 2005.
Un año después fue dividido en tres, con sedes en Caracas, Mali y Pakistán, y en 2007 volvió a ser unificado en la capital keniana. El año pasado, el encuentro mundial fue sustituido por el llamado "Día de Acción Global", celebrado el 26 de enero y que supuso protestas y conferencias en casi un centenar de países.
El movimiento que desembocó en la creación del Foro Social empezó a gestarse en 1999, después de las fuertes manifestaciones ocurridas en Seattle (EEUU) contra la Organización Mundial del Comercio (OMC), que globalizaron el inconformismo con el orden económico imperante.
Las protestas se articularon a través de internet, lo único que el movimiento le agradece a la globalización, y se expandieron hacia las reuniones del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial (BM) y del Grupo de los Ocho (G8).
Intelectuales que auparon esas manifestaciones, como el francés Bernard Cassen o el español Ignacio Ramonet, y líderes políticos como el actual presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, convocaron en 2001 el primer Foro Social Mundial en Porto Alegre.
Esa primera edición contó con unos 20.000 participantes, que en la segunda fueron 50.000 y desde la tercera el número no ha bajado de 100.000, en su enorme mayoría miembros de las organizaciones no gubernamentales de más de cien países que integran el foro.
Un reciente estudio del Instituto Brasileño de Análisis Social y Económico (Ibase), elaborado con datos recopilados en los primeros ocho foros, dice que el 60 por ciento de los participantes tiene menos de 35 años y que cerca del 70 por ciento ha terminado o cursa la universidad.
Según Cándido Grybowski, director del Ibase, esos datos revelan que el foro está constituido por "la elite de la militancia" y que deben buscarse fórmulas que le permitan aproximarse más a las masas empobrecidas que dice representar.
Ese debate, heredado de la izquierda de los años 60, está en el interior del Foro Social desde su propio nacimiento y camina de la mano con la mayor limitación del movimiento, que es no haber logrado aún pasar de la protesta a las propuestas concretas.
Por su propia diversidad y dimensiones, el Foro Social no emite comunicados y se limita a recoger las miles de propuestas que surgen en cada edición.
Los únicos consensos están plasmados en sus estatutos, redactados en 2001, que plantean la construcción de un mundo de paz, respeto a la diversidad de pensamiento y al medio ambiente, y el rechazo al capitalismo, el imperialismo y a toda forma de dominación colonial.
Durante los últimos ocho años, en el foro han surgido dos líneas claramente identificadas.
Una plantea que el movimiento debe convertirse en una especie de "partido global" y apoyar activamente a las izquierdas locales en proyectos dirigidos a la toma del poder, mientras que otra pretende mantener el foro como un laboratorio de ideas y referencia para el pensamiento mundial.
Grybowski, uno de los propulsores del foro, defiende esa última línea y sostiene que la novedad que esta plataforma le ha aportado a la izquierda mundial es el debate de asuntos antes ignorados, entre los que citó "la situación de las mujeres, los indios y los negros, el medio ambiente y la defensa de los homosexuales".