El líder indígena peruano Alberto Pizango, que pasó once meses asilado en Nicaragua, volvió hoy voluntariamente a su país y fue de inmediato detenido para responder por los cargos de apología de sedición y motín abiertos contra él tras la muerte de 34 personas en los sucesos de Bagua en junio del año pasado.
Tan pronto como llegó al aeropuerto internacional de Lima, a las 15.30 hora local (20.30 GMT), Pizango fue apresado por agentes de la Policía Nacional, que lo trasladaron a la sede de Requisitorias (diligencias policiales), donde permanecerá esta noche, antes de ser trasladado mañana a una sede judicial.
La expectación de la prensa nacional e internacional era enorme, pero Pizango, presidente de la Asociación Interétnica de la Selva Peruana (Aidesep), fue totalmente rodeado por los agentes, que impidieron que pudiera tener el más mínimo contacto con los periodistas presentes en la sede policial.
El portavoz de Aidesep, Carlos Navas, explicó así en rueda de prensa las razones de su retorno: "Añora su tierra y quiere ponerse a derecho; además, las condiciones en el país son diferentes, hay presión de la prensa extranjera y de las organizaciones de derechos humanos, por eso son mucho mejores las condiciones para el regreso".
Pizango ya había dicho por la mañana en Managua, antes de despedirse del país que le ha dado asilo durante once meses, que era consciente de que se exponía a la detención, pero afirmó que es acusado de delitos que, aseguró, no ha cometido.
El portavoz de Aidesep llegó a calificar a Pizango de "perseguido político", y sostuvo que "hay una agresión del Gobierno contra los pueblos indígenas", además de "presiones políticas contra los jueces" que están impidiendo que la orden de detención cambie por una de simple comparecencia, como ha sucedido con otras tres causas abiertas contra Pizango.
El presidente Alan García desmintió hoy cualquier injerencia: "Aquí se respetarán sus derechos y estos son temas que sólo el Poder Judicial debe tratar; no soy juez ni fiscal para determinar la situación procesal de una persona", dijo.
García dijo "no tener opinión" sobre el regreso de Pizango, pero añadió que "está más seguro aquí (en Perú) que allá (en Nicaragua), porque aquí hay democracia auténtica, independencia plena del Poder Judicial, ningún ánimo dictatorial o mesiánico y, sobre todo, las condiciones de vida y alimentación son mejores aquí que allá", señaló.
El líder indígena, de etnia chayahuita, llegó a Lima acompañado de la presidenta temporal de Aidesep, Daisy Zapata, y de la actriz estadounidense con raíces peruanas Q'orianka Kilcher, quien interpretó a "Pocahontas" en el filme The New World.
Kilcher estuvo con Navas en la misma rueda de prensa, y advirtió al Gobierno peruano de que "el mundo está observando lo que pasa" con Pizango y los indígenas peruanos.
Ante las noticias de la llegada de Pizango, se desplazaron al aeropuerto una veintena de familiares de los policías muertos en Bagua portando carteles en los que se leía: "Cárcel y pena para Pizango", mientras que activistas de Aidesep y de otras organizaciones llegaron para respaldar a su líder con mensajes opuestos.
La ministra de la Mujer, Nidia Vílchez, calificó ayer de "provocación" el retorno de Pizango, y le atribuyó ambiciones electorales ante los comicios presidenciales del próximo año, pero el portavoz de Aidesep las desmintió: Pizango "nos ha dicho que no tiene pretensiones políticas", señaló Navas.
Precisamente dentro de diez días se cumple un año de los sucesos de Bagua, en los que murieron 24 policías y diez civiles (entre indígenas y mestizos) y que constituyeron el suceso más grave de la democracia peruana después de la caída de Sendero Luminoso, en 1992.
Aquellas protestas indígenas que motivaron el exilio de Pizango y su asilo político en Nicaragua hicieron finalmente al Gobierno peruano dar marcha atrás con varios decretos legislativos relativos a la regulación de las concesiones petroleras que los nativos consideraban lesivas para sus derechos.