El ministro afgano de Defensa, Abdul Rahim Wardak, llamó hoy a la comunidad internacional a no precipitarse a la hora de retirar sus tropas del país y advirtió de que posibles errores en el proceso de transición podrían poner en peligro todos los logros de los últimos años.
"La transición no debe ser rehén del deseo de resultados rápidos o convertirse en una víctima de las agendas políticas nacionales", subrayó Wardak durante un encuentro con un pequeño grupo de periodistas en la sede del ministerio.
Las autoridades de Afganistán se preparan actualmente para hacerse cargo del control de la seguridad en siete provincias y distritos, donde las tropas internacionales mantendrán tareas de apoyo y de formación de las tropas afganas.
El objetivo es que para 2013 todas las provincias del país hayan iniciado ya esa etapa y que para finales de 2014 el Gobierno de Afganistán sea capaz de gestionar la seguridad en todo el país.
Según el ministro, el crecimiento y capacitación del Ejército y de la Policía de Afganistán permitirá al Estado asumir estas funciones y cumplir con su "responsabilidad histórica".
Sin embargo, Wardak dejó claro que "si la comunidad internacional no actúa con prudencia podría poner en peligro todo lo logrado en los últimos años".
Simultáneamente con el inicio de la transición, está previsto que este verano el presidente estadounidense, Barack Obama, anuncie el comienzo de la retirada de las tropas de su país, aunque todavía se desconoce el número de soldados que dejarán Afganistán en ese primer grupo.
Wardak se mostró hoy confiado en que el refuerzo que está llevando a cabo el Ejército afgano será suficiente para compensar la salida de tropas internacionales, una salida que preocupa a la opinión pública afgana.
Según el ministro, el "miedo" de los afganos deriva de su experiencia durante las décadas de 1980 y 1990, cuando la comunidad internacional "abandonó" al país y dejó que se convirtiera "en un campo de batalla".
En su opinión, esos temores se superarán a medida que las fuerzas de seguridad afganas sigan aumentando su número y preparación y gracias al compromiso a largo plazo de la OTAN con el país.
Al mismo tiempo, Wardak abogó por llevar a cabo un proceso de negociación con los talibanes que permita pacificar el país.
"Toda guerra termina con un proceso político", subrayó el ministro, quien recordó que "no todos los que luchan contra nosotros son terroristas radicales", sino que entre los insurgentes hay muchas personas para las que la guerra es solo un medio de vida.
Por otra parte, Wardak rebajó el tono de las críticas vertidas por el presidente del país, Hamid Karzai, contra la OTAN por las muertes de civiles en sus operaciones.
"A veces las bajas son inevitables", admitió el titular de Defensa, quien aseguró que la misión aliada en Afganistán "está trabajando duro para reducir las muertes de civiles".
Según Wardak, la OTAN está haciendo un "esfuerzo honesto" en este sentido.
Karzai lanzó hace dos semanas una "última" advertencia a las tropas internacionales, después de que un bombardeo aliado acabará con la vida de varios niños y mujeres en la provincia sureña de Helmand.