El padre Olallo, primer beato proclamado en Cuba por sus virtudes y un milagro


José Olallo Valdés, religioso de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, es el segundo beato cubano de la iglesia católica, pero el primero que será proclamado en la isla, en una ceremonia que se celebrará este sábado.


La beatificación tendrá lugar en la ciudad oriental de Camagüey, a la que llegó fray Olallo a los quince años de edad, en 1935, y donde pasó el resto de su vida, hasta el 7 de marzo de 1889, dedicado a atender a pobres, enfermos y desvalidos, según sus biógrafos.


Nacido en La Habana el 12 de febrero de 1820, cuando Cuba era colonia española, Olallo no conoció a sus padres.


Fue abandonado a las puertas de la Casa Cuna San José, donde fue bautizado y educado por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul.


Desde la adolescencia mostró deseo y voluntad de servir a los enfermos y necesitados, así como su vocación religiosa.


Se incorporó en 1835 a la Orden de San Juan de Dios, que lo destinó ese mismo año al hospital que atendía en la villa de Puerto Príncipe, hoy Camagüey, para completar su formación.

 

Pronto ganó fama de enfermero eficiente y afable, y se destacó por asumir las tareas más difíciles en la institución en la que permaneció 54 años.


Incluso, dirigió por algún tiempo, el centro hospitalario donde también se desempeñó como cirujano y farmacéutico, además de dedicarse al magisterio.


La documentación histórica recopilada para la beatificación recoge su gesto de llevar hasta el hospital el cadáver del general independentista Ignacio Agramonte, que había sido arrojado en la Plaza de San Juan de Dios por las autoridades españolas tras su muerte en combate.

 

Olallo vivió en estricta austeridad, alojado en una pequeña celda de hospital, y en ella murió.


Se enfrentó a las epidemias que por aquella época azotaban a Camagüey con frecuencia, como las de viruela, cólera y fiebre amarilla, que diezmaban a los habitantes de la ciudad.


Dedicó diez años a atender a su único compañero religioso en la ciudad, Juan Manuel Torres, aquejado de lepra, y al fallecer este, Olallo quedó solo en el hospital.

 

En 1887 sufrió un aneurisma abdominal y murió dos años después, sin haber abandonado la asistencia a los enfermos.


Sus restos fueron acompañados hasta el cementerio por miles de camagüeyanos que, tras una colecta pública, le dedicaron un parque, dieron su nombre a una calle y le construyeron un mausoleo al que acuden sus devotos a pedir ayuda e intercesión.


Al cumplirse el centenario de su muerte, en 1989, su popularidad impulsó a un grupo de laicos a organizar una celebración que propició el estudio de su posible canonización.


Entonces se presentaron varios casos en favor de su postulación, pero el milagro que lo llevó a beato es la supuesta curación de la niña Daniela Cabrera Ramos, de 3 años, afectada de un linfoma incurable.


Aseguran los devotos de Olallo que la niña sanó tras las oraciones continuadas que le dirigieron su familia, vecinos y miembros de su parroquia.


La curación que se le atribuye tuvo lugar el 18 de septiembre de 1999, sin que los médicos que atendían a la pequeña dieran una explicación.


En diciembre de 2006, el papa Benedicto XVI firmó los decretos que proclaman las virtudes teologales y cardinales de Olallo "en grado heroico".


El sacerdote español Félix Lizaso, postulador de la causa de beatificación, aseguró que Olallo fue "tan perfecto imitador" del fundador de la Orden de San Juan de Dios que recibió similares calificativos como "héroe de la caridad" y "padre de los pobres", entre otros.


Es el segundo beato cubano, después de que José Lópe Piteira fuera proclamado como tal en 2007 en el Vaticano, junto con 497 religiosos españoles considerados "mártires" de la iglesia católica, muertos durante la Guerra Civil y en años precedentes, entre 1934 y 1939.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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