Israel y Hizbulá, un lustro de calma alimentado por el temor de ambas partes
Jerusalén, 11 jul (EFE).- Israel y el libanés Partido de Dios (Hizbulá) mantienen un frágil alto el fuego desde la guerra que les enfrentó en 2006, que se alimenta del terror de ambas partes de verse involucradas en un nuevo conflicto que podría ser todavía mucho peor que los anteriores.
"No hay duda de que la situación en los últimos cinco años es mucho mejor que antes de 2006, pero es una calma basada en la disuasión (militar)", dijo a Efe Gabriel Ben Dor, director del Centro de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Haifa, en una mirada comparativa al período anterior a la guerra, en el que las escaramuzas fronterizas eran incesantes.
Última vuelta de tuerca de las eternas tensiones en la frontera israelo-libanesa, la llamada en Israel "Segunda Guerra del Líbano", y en Líbano "Guerra de Julio (Tamuz)", se cobró en 34 días las vidas de más de 1.100 libaneses y 150 israelíes.
Dejó asimismo daños multimillonarios a ambos lados de la frontera, con una extensa devastación en los barrios chiíes del sur de Beirut que fueron bombardeados masivamente por la Fuerza Aérea israelí, y la paralización absoluta del tercio norte de Israel por los más de 4.000 cohetes disparados por Hizbulá.
Las secuelas de aquel enfrentamiento armado, que comenzó un 12 de julio tras un ataque transfronterizo chií en el norte de Israel para capturar a dos soldados (sus cadáveres serían canjeados dos años más tarde), perduran hasta el día de hoy.
Quedan en las mentes de muchos israelíes que, por primera vez, vieron a su Ejército regresar del campo de batalla sin una victoria clara, cuando luchaban contra un enemigo muy inferior en número y tecnología militar.
Más de sesenta comisiones estudiaron, en medio de un casi trauma nacional, los errores del Ejército israelí en aquella guerra y sus conclusiones condujeron a las dimisiones del ministro de Defensa, Amir Peretz, y del jefe del Estado Mayor, Dan Halutz.
Pese a todo, los expertos militares locales coinciden en que a Israel no le quedaba más alternativa que combatir porque en el período anterior a 2006 las "provocaciones de Hizbulá eran constantes", a decir de Mordejai Kedar, profesor de la Universidad de Bar Ilán.
"Israel consiguió en aquella guerra algo muy importante, que de tanto en tanto tendremos que volver a rehacer, y no es más que un efecto disuasorio", asegura este ex coronel de Inteligencia.
"Nunca antes habíamos tenido cinco años de calma en la frontera con Líbano y se debe a nuestra restaurada capacidad de disuasión", asegura.
Israel la consiguió con masivos bombardeos en Líbano para "hacer entender" a Hizbulá el alto precio que pagará en el futuro.
"Los libaneses, y en particular Hizbulá, saben ahora que ante ciertas provocaciones Israel responderá de forma muy dura, lo que no tenían claro antes de la guerra", arguye Ben Dor sobre la debilitada imagen dejada por su país tras la precipitada retirada en 2000 del sur del Líbano, que había ocupado durante 18 años.
Según este experto, Hasan Nasrala, el secretario general de Hizbulá, llegó a reconocer después de la guerra que "si hubiera sabido de antemano la masiva respuesta que dio Israel no habría hecho lo que hizo (la operación de captura de los dos soldados)".
La estrategia en aquella guerra volvió a ser aplicada por Israel en diciembre de 2008 en la franja de Gaza pero, a diferencia de los islamistas palestinos, y pese al embargo de armas impuesto por la resolución 1701 que puso fin a la guerra en Líbano, la milicia chií ha conseguido desde entonces reconstruir también su capacidad de disuasión frente a Israel.
En 2010 la Inteligencia israelí calculó en más de 50.000 los cohetes en poder de la milicia libanesa.
"Han incrementado su capacidad militar de forma significativa en todos los aspectos -en número, alcance y capacidad destructiva de sus cohetes-, y hoy son mucho más fuertes que antes", señala Kedar, que no descarta que en algún momento el balance se rompa.
Para el futuro, ambos expertos subrayan que la disuasión convencional -es decir, la que no contempla el uso de armas nucleares- es "dinámica" y por tanto puede debilitarse por todo tipo de factores domésticos, regionales o internacionales.
Los gobiernos israelíes "prefieren la calma" que verse "lidiando con un nuevo problema en Líbano", coinciden los dos, pero si Hizbulá viera beneficio en romper la tregua "arrastraría" a Israel a un escenario mucho más complicado que en 2006".
Por Elías L. Benarroch