El príncipe heredero de Baréin, Salman bin Hamad bin Isa al Jalifa, se reunirá la próxima semana con el presidente de EE.UU., Barack Obama, en la Casa Blanca en un intento para normalizar la situación en el país, informaron hoy funcionarios de EE.UU.
Los funcionarios citados por "The Wall Street Journal" no precisaron la fecha exacta del encuentro entre Obama y el príncipe heredero bareiní, pero agregaron que el príncipe heredero se entrevistará también con el Consejero de Seguridad de la Casa Blanca, Tom Donillon.
De acuerdo a esta fuentes, Salman Bin Hamad bin Isa al Jalifa es considerado por Washington como una de las figuras más liberales del régimen de Manama por lo que con la reunión se buscaría reafirmar un salida pacífica a la crisis que vive el país del Golfo Pérsico.
La visita se produciría tras el anuncio del rey de Baréin, Hamad bin Isa al Jalifa, de levantar el estado de emergencia y anunciar un diálogo nacional sin condiciones previas para dar una salida a la crisis en el país, donde se iniciaron revueltas populares el pasado 14 de febrero.
El rey de Baréin aseguró que los resultados del diálogo, que comenzaría el 1 de julio, se presentarán a las instituciones constitucionales competentes y en base a él se celebrarán elecciones para cubrir los escaños del Parlamento que están vacantes.
El pasado 15 de febrero, el principal partido opositor, el chií Al Wifaq, anunció que suspendía su participación en el Parlamento por la dura represión de las protestas populares.
El archipiélago de Baréin, formado por 36 islas, goza de gran importancia geopolítica para EE.UU. ya que allí se encuentra ubicada la 5 Flota de la Armada de EE.UU., lo que motivó que la respuesta de EE.UU. ante la represión gubernamental de las protestas populares fueran más tibias que en otras naciones árabes.
Obama, en su discurso sobre el mundo árabe del 19 de mayo, calificó a Baréin como un "aliado de hace mucho tiempo", pero criticó "los arrestos masivos y la fuerza bruta" empleada contra los protestantes.
Baréin, uno de los más sólidos aliados de EE.UU. en la región, cuenta con una población de más de 600.000 habitantes, de los que un 70 por ciento son chiíes, una comunidad que ha protagonizado numerosas protestas para exigir una mayor reforma democrática y mayor representatividad en el reino.