El terremoto de 6,2 grados que azotó el 8 de enero pasado a Costa Rica provocó daños ambientales en 550 kilómetros cuadrados, afectando a la flora, la fauna y a las aguas, reportó hoy el ministro costarricense de Ambiente y Energía, Roberto Dobles.
"La idea es dejar que la naturaleza se regenere, pero desde el ministerio se intentará acelerar este proceso que durará años" destacó en una rueda de prensa Dobles.
Las autoridades indicaron que al menos unas 70.000 hectáreas en las que se tenía un sistema de pago por servicios ambientales fueron afectadas y se evalúa su situación.
El director de la Área de Conservación de la Cordillera Volcánica Central, Rafael Gutiérrez, explicó que en el Parque Nacional del Volcán Poás no se presentaron daños graves, por lo que hoy mismo se ha vuelto a abrir al público, excepto la zona de las Lagunas Botos en uno de los cráteres, que seguirá cerrada por razones de evacuación.
"El Parque Nacional del Volcán Poás se cerró porque no había electricidad, que se restableció el viernes, tampoco había agua, que se reparó el pasado fin de semana, y porque la llegada de turistas podía dificultar el acceso a la zona afectada", dijo Gutiérrez.
El funcionario añadió que gran parte de la fauna se ha visto afectada por las consecuencias del terremoto y destacó que en el río Sarapiquí "los derrumbes han provocado aludes de barro en las aguas, por lo que miles de peces han muerto".
Por otro lado, reportó que algunos animales, sobre todo especies tropicales, como los monos titís, los cariblancos, los araña, así como los pumas, han sido trasladados a centros de rescates, zoológicos y criaderos.
El terremoto, cuyo epicentro se ubicó en las cercanías del volcán Poás, unos 60 kilómetros al noroeste de San José, dejó un saldo de 23 muertos y 7 desaparecidos, además de casi 1.000 viviendas dañadas y unos 2.500 damnificados.