El Tribunal Supremo de EE.UU. rechazó hoy pronunciarse sobre una apelación de siete uigures de China recluidos en Guantánamo, que hubiera determinado si los jueces tienen atribuciones para ordenar la liberación de los detenidos en suelo estadounidense.
En su resolución, el Supremo aludió a la existencia de "nuevos elementos" al evitar entrar en esta apelación, como es el hecho de que Estados Unidos haya recibido ofertas de otros países para el reasentamiento de los uigures.
Para EE.UU., estos detenidos no pueden volver a China, ante el riesgo de sufrir represalias.
La decisión del Supremo tiene dos efectos inmediatos.
En primer lugar, anula un dictamen anterior del Tribunal Federal del Distrito de Columbia según el cual los jueces federales no tienen atribuciones para ordenar la liberación de esos individuos dentro de territorio de EE.UU., ni siquiera de manera temporal, porque es un asunto de inmigración que compete exclusivamente al Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo.
En segundo lugar, la resolución revela que los magistrados del Supremo no tendrán un fallo definitivo alguno sobre este caso en este período de sesiones.
Esto permitirá al poder judicial hacerse a un lado mientras el Ejecutivo y el Legislativo deciden qué harán con los individuos capturados en Guantánamo en la llamada "guerra contra el terrorismo".
Estados Unidos empezó a recluir supuestos terroristas en su base naval de Bahía de Guantánamo a comienzos de 2002. Desde entonces cientos de hombres han permanecido por períodos prolongados, aislados, sin defensa ni proceso judicial, y sin cargos específicos.
El presidente Barack Obama quiere cerrar la prisión de Guantánamo, si bien ha encontrado entre los republicanos del Congreso una gran oposición a la posibilidad de que los presos sean trasladados a territorio estadounidense, aunque sea a prisiones.
También se han presentado iniciativas en el Congreso para impedir el enjuiciamiento de alguno de los prisioneros en Guantánamo ante tribunales civiles en Estados Unidos.
El Gobierno de Estados Unidos ya no considera que alguno de los uigures sean enemigos del país, pero ha tomado la posición de que su salida de Guantánamo compete exclusivamente a los poderes diplomáticos del Gobierno de EE.UU. para gestionar su reasentamiento en alguna otra parte.
Cada uno de los siete uigures involucrados en este caso ha recibido una invitación para radicarse en algún otro país. Dos han aceptado invitaciones para ir a Suiza, y cinco para irse a Palau.