El 10 de enero de 1999 se registraron actos bochornosos en la Convención nacional que había sido convocada por la Comisión Política del MOLIRENA con el fin específico de aprobar la alianza acordada con otros partidos para formar la Unión por Panamá y para postular a Mireya Moscoso Ãla candidata a la Presidencia de la República por el Partido Arnulfista- también como candidata a ese cargo por el MOLIRENA en los comicios de mayo de 1999.
Empero, la reunión fue aprovechada, por un sector de los delegados a la Convención, para desnaturalizar el objetivo de la convocatoria e ilegalmente proponer una elección de una nueva Junta Directiva y un nuevo Comité Ejecutivo Nacional, con su junta asesora y Tribunal de Honor, antes de la consideración de los objetivos de la convocatoria.
La reunión en si había empezado mal cuando la facción encabezada por Arturo Vallarino y otros líderes presentó un proyecto de Reglamento de la Convención abusivo, autoritario y antidemocrático, que fue repudiado por un 40% de la concurrencia después que también había sido repudiada la convocatoria a la convención, hecha por el secretario general, J. L. Rosas, por ser ésta diferente a la dispuesta por la comisión política. Y si es este el órgano convocante competente, no podría un funcionario cualquiera modificarlo.
Ya iniciado el camino de las ilegalidades se produjo la intervención de muchos convencionales opuestos a las intenciones de Vallarino y cía., para tratar de evitar nuevas, y salvar la convención y la unidad del partido, pero fue inútil. Razón por la cual antes de someterse a votación la propuesta de alterar el orden del día- que incluía elegir nuevos dignatarios a los órganos arriba mencionados- y ante la advertencia de varios delegados de que la supuesta elección era ilegal, el 40% de los convencionales abandonaron la reunión para no avalar con su participación la votación de la propuesta ni la impugnable elección.
De la anterior explicación se desprende que los que abandonaron la reunión nunca perdieron una elección de dignatarios, porque no participaron en alguna, por consiguiente, no se les puede tachar de malos perdedores, lo que lesionaría su dignidad, ni que son una minoría dentro del partido, porque no lo son. Lo que sí son es gente de principios y de acendrada moralidad que ni proponen ni aceptan iniciativas que vulneren la legalidad, ni se involucran en actos repudiables ni de compra de conciencias.
La gota de ilegalidad que desbordó el cauce consistió en la pretensión de los vallarinistas de sustituir, mediante una improcedente elección, a dignatarios elegidos por 30 meses en agosto de 1997 cuando sólo han transcurrido 17 meses desde que lo fueron. Ello equivale a un golpe de Estado como el que le propinarían quienes quisieran reemplazar a un Presidente de la República elegido por cinco años, antes que se terminara su período de imponiendo una nueva elección. Porque, así como interrumpir el período presidencial, o el legislativo o el judicial, constituye una ruptura del orden constitucional, interrumpir el período para el cual fueron elegidos los dignatarios del MOLIRENA en 1997 constituye una ruptura del orden institucional partidario.
En ambos de los casos ilustrados, pudiera existir una mayoría que se oponga a la gestión de los elegidos, sin embargo, eso no les da derecho a violentar el derecho de los elegidos a terminar su período.
En la actual coyuntura del MOLIRENA, si bien pudiera ser que los delegados a la Convención en su mayoría favorecieran un cambio inmediato de dignatarios para respaldar a los vallarinistas, es altamente improbable que las bases que los eligieron concuerden con ellos, aún sin estar conscientes de la ilegalidad que tal cambio entrañaría. En efecto, sólo el 46% de los convencionales fueron elegidos por los vallarinistas, lo que demuestra claramente que cualquier porcentaje adicional, que se manifestara a favor de ellos en una votación, constituiría una especie de traición de esos a quienes eligieran como delegados para apoyar a los dignatarios que ahora, en contra de la voluntad de sus electores, quisieran desplazar en contubernio con los vallarinistas.
Si es más que probable que las bases del MOLIRENA no respalden la candidatura del señor Vallarino y las de sus seguidores, porque no simpatizan con ellas y no convalidan las ilegalidades cometidas, es más probable Ãcasi seguro- que la gran mayoría de los 75,000 simpatizantes no inscritos en el partido voten por otras papeletas...decepcionados con los artífices de una usurpación. Es lamentable, porque puede perjudicar decisivamente las posibilidades de triunfo de la nómina presidencial en que ha sido incluida. Máxime cuando la diferencia en los comicios de 1999 se perfilaba como una diferencia de unos 20,000 votos de ventaja sobre el PRD.
Con la ejecución de una elección ilegal y la falta de representatividad con que la candidatura del Sr. Vallarino está revestida y manchada, la nómina que él integraría quedaría coja y arrastrada a una posible derrota. Lo que mal empieza seguramente mal termina.