La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) reconoció hoy en Bogotá que el país ha entrado en una nueva etapa con el cambio de rumbo en el manejo de las cuestiones conflictivas en los ámbitos interno y externo.
En Colombia "respiramos de nuevo un aire de gran esperanza", sostuvo el presidente de la CEC, Rubén Salazar, al abrir las sesiones de la XC Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano que tiene como asunto central la pastoral de la paz.
Una delegación eclesiástica mexicana asiste a este pleno, que irá hasta el próximo día 11 y que reúne a unos noventa arzobispos y obispos de las 76 jurisdicciones de la Iglesia católica en el país.
Salazar dijo que en Colombia también "se abren caminos para corregir desde la raíz los problemas viscerales que han alimentado durante años la existencia del conflicto social y sus expresiones armadas".
En este sentido, reconoció que se busca la "manera correcta" para que el desarrollo económico sea un "auténtico desarrollo humano integral que llegue a toda la población y la empodere para el acceso a sus derechos y el ejercicio de sus deberes.
Asimismo, se hacen esfuerzos para la integración geográfica y humana de todas las regiones y fuerzas del país, agregó Salazar, y señaló que, además, "se dan pasos acertados en la inserción del país en el contexto de América Latina y del mundo".
"De esta manera, se ponen las bases para que Colombia no sólo corrija rumbos equivocados sino que encuentre definitivamente los caminos de una paz progresiva, integral, transformadora", subrayó el también arzobispo de Bogotá.
El jerarca católico observó que la pastoral de la paz, renovada por una actualización que responda a las circunstancias actuales de la situación del país, es un servicio que los miembros del Episcopado, como pastores de la Iglesia, no pueden dejar de prestar.
La paz es síntesis de todos los bienes, don de la salvación, camino fundamental que la Iglesia debe recorrer, continuó Salazar.
La Iglesia colombiana asume, con plena conciencia de su responsabilidad en los actuales momentos del país, el propósito de encontrar "caminos concretos de una pastoral de la paz en todas sus dimensiones".
Es una pastoral que debe contribuir al cese del conflicto armado, a la reconciliación de los corazones heridos, a la reparación de las víctimas, a la rehabilitación de los victimarios, a la supresión de las causas del conflicto y a la implementación de políticas sociales que lleven los beneficios del desarrollo humano integral a todos los ciudadanos, precisó el presidente de la CEC.
La confrontación entre el Estado y los insurgentes ha desangrado al país y, a lo largo de los años, ha cambiado de naturaleza al adquirir "nuevas motivaciones y modalidades", prosiguió Salazar, y señaló que el conflicto tiene costos incontables y plantea a la sociedad enormes cuestionamientos y retos.
Según Salazar, la pastoral para la paz y la reconciliación que domina el nonagésimo pleno de la CEC es un asunto que se comparte con otros episcopados del mundo, entre ellos el de México.
Es, dijo luego, una cuestión común que explica la presencia en la cita de Bogotá de una delegación de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).
La misión la conforman el arzobispo de Acapulco, Carlos Garfias Merlos; el obispo de Nuevo Laredo, Gustavo Rodríguez Vega; el obispo auxiliar de Morelia, Carlos Suárez Cázarez, y el secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social de México (CEPS), Armando Florez.
Con ellos también viajaron el asesor y el director de Comunicación de la CEPS, Adalberto Saviñón y Alberto Arciniega, respectivamente.