Escrutinios**Aunque han pasado cinco días después de los comicios, no es menester esperar más, ni ver peores cosas, para concluir que, una vez más, la elección de legisladores fue un desastre. Lluvia de impugnaciones, trampas, uso de haberes estatales en política, actas alteradas o mal hechas, turbas obstaculizando escrutinios e impidiendo proclamaciones, maleantes victoriosos y ejemplares ciudadanos derrotados.
Caos**La situación se está deteriorando a tal grado, que se está creando un ambiente anárquico que debe ser superado. Y aunque las juntas de escrutinio son autónomas y los magistrados electorales no cuentan votos, es necesario su liderazgo e intervención para evitar que el caos continúe y macule un acontecimiento tan bien llevado, como lo fue la elección y escrutinio presidencial del domingo.
Solución**Una vez se haya puesto orden, y el fiscal electoral, Gerardo Solís, haya abierto causa contra los tramposos, todos los actores electorales deben reunirse para remediar de una vez por todas el problema. Hay que revisar la fórmula para contar los votos y adjudicar las curules, hay que automatizar el proceso con programas de computadora capaces de hacer en segundos operaciones que hoy tardan semanas.