Infierno**El infierno está empedrado con buenas intenciones. Los patrocinadores del proyecto de ley que pretende otorgarle derecho de voto a los presos pasan por alto la realidad humana de las cárceles, escuelas del vicio, donde los reos primerizos aprenden de los reincidentes las artimañas del delito y los veteranos se hunden en la promiscuidad más sórdida.
Alteración**Con una población penal de más de diez mil reclusos, los políticos corruptos podrían contar con una cantidad suficiente de votantes potenciales para alterar el resultado de las elecciones de 2004, y envilecer nuestra incipiente democracia. A los reclusos muy poco les interesa la estabilidad del sistema y estarían dispuestos a entregar el voto al más vil postor.
Investigación**Mañana publicaremos una investigación sobre La Joyita. Revela cómo los familiares de los presos se afanan para introducir en su ropa y partes íntimas, drogas y armas blancas. Grandes esfuerzos despliegan las autoridades para impedir el consumo de estupefacientes en las cárceles. ¿Qué gana la democracia panameña con tan singulares electores? Sería un retroceso a la edad de piedra del noriegato.