Jesús Abad, disparos en blanco y negro para una Colombia teñida de sangre


El fotógrafo colombiano Jesús Abad Colorado, quien con los incómodos disparos de su cámara como única arma trata de destapar en blanco y negro a su país teñido sangre, fue hoy uno de los ponentes del congreso sobre desaparición forzosa que busca unificar normas para la exhumación de víctimas.


En una entrevista con Efe, Abad señaló que su mirada es un "espejo roto" al que ciudadanos, medios y políticos parecen no querer mirar en Colombia.


Guerrilla, Ejército, narcotraficantes y paramilitares confluyen, explicó, en una guerra oculta bajo el velo de la banalización de los medios, el silencio de los gobernantes y el agotamiento de la ciudadanía, y que enmudecen la desesperación de miles de colombianos salpicados a diario por el conflicto armado.


Sin embargo, como en una de sus fotografías, Abad es esa niña de mirada descarada que mira directamente a la cámara a través de un agujero de bala en uno de los cristales de la ventana de su casa.


"Creo que el dolor de los desplazados, de las masacres y de tanta tragedia que vivió Colombia saturó de alguna manera a la gente, no querían ver más", opinó Abad.


"Pero cuando uno tiene la posibilidad de mirarse en el espejo que ha dejado la guerra, un espejo roto que nos está reventando en la cara, ve eso enfrente y todo el dolor que ha producido, yo creo que debe preguntarse: quiénes nos han gobernado y han permitido que esto llegue hasta aquí?", aseguró.

 

Dieciséis años de imágenes en blanco y negro para hacer "reflexionar" a los asistentes del II Congreso Mundial de Trabajo Psicosocial en Desaparición Forzada, Procesos de Exhumación, Justicia y Verdad, que se celebra hasta mañana en Bogotá.


Fue esa carencia de reflexión y de análisis lo que le llevó a abandonar el periodismo en los medios de comunicación e iniciar un camino en solitario con el fin de detenerse "a narrar las historias de una manera más integral y estar al lado de los que han sufrido".


Triste de que los periodistas "olviden su profesión" y solo acusen a narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares como causantes del conflicto, Abad se pregunta cuál es la responsabilidad del Estado y los políticos, impunes en un país en el que "periodismo y poder van de la mano".

 

"Lo que hago es documentar los hechos desde todas sus caras y facetas, no para decir quién es peor o quién es mejor, sino para mostrar los efectos perversos que tiene la guerra sobre la vida colombiana. El periodismo no es para ver solo con un ojo", recalcó.


Por ello, con su cámara trata de reflejar todos los aspectos y consecuencias del conflicto, ya sea desde la más cruel de las muertes a la más esperanzadora de las sonrisas de un niño cuya familia sufre los efectos del desplazamiento forzoso.


Sus imágenes ausentes de todo color quieren mostrar no solo la realidad del conflicto y evitar desviar la atención de lo realmente importante, "la guerra, los muertos y el desplazamiento de comunidades que necesitan que haya periodistas que cuenten con sensatez lo que está ocurriendo".

 

Y es que aunque desde medios y Gobiernos se pretenda hacer creer que Colombia es solo "pasión", más allá de "cascadas, arco iris y bosques, hay comunidades afectadas (...) que están siendo desplazadas y asesinadas, pero no es justo que la gente pierda el territorio y la vida con el silencio de los medios".


En esta travesía, Abad admite haberse sentido "muy solo", sobre todo porque "a veces uno quisiera ir a muchos lugares para contar la tragedia que está sucediendo".


Una tarea casi imposible, pero que Abad trata de no olvidar en el día a día, como cuando al acabar su conferencia, unas mujeres le ruegan que acuda a Nariño, una de las regiones colombianas más azotadas por la guerra, y él simplemente les responde entregándoles su contacto y con la promesa de ir lo antes posible para ayudar a destapar otro silencio más.


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550188
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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