El ex secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger (1973-1977) recomendó hoy al Senado que ratifique el nuevo tratado de desarme nuclear que el Gobierno de Barack Obama selló en abril con Rusia, porque impactará las perspectivas de paz en los próximos diez años.
En una audiencia en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, calificó, no obstante, el nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START, por su sigla en inglés) de "paso modesto hacia adelante", porque "estabiliza los arsenales rusos y estadounidenses "en cierto modo en niveles reducidos".
El pacto, que sustituye al START de 1991 y tendrá una vigencia de diez años, limita a 1.550 el número de cabezas nucleares en cada país en un plazo de siete años, lo que supone una reducción del 74 por ciento con respecto al acuerdo que expiró en diciembre y del 30 frente al Tratado de Moscú de 2002.
Kissinger, que en 1957 ayudó a definir el estudio sobre armas nucleares como elemento disuasorio al publicar uno de los libros clásicos en la materia "Armas nucleares y política exterior" y negoció el primer acuerdo de desarme nuclear con Rusia, el SALT I, dijo que un rechazo al nuevo acuerdo por parte del Senado tendría un "impacto desestabilizador en el clima internacional".
El ex jefe de la diplomacia estadounidense bajo el Gobierno del presidente Richard Nixon y ex consejero de Seguridad Nacional (1969-1975) sostuvo que la decisión del Comité "afectará las perspectivas de paz durante una década o más" y es, por eso, "no un desafío bipartidista, sino no partidista" para el Senado.
Kissinger también consideró que el nuevo START "no es un obstáculo" para los programas de defensa antimisiles de EE.UU. o la modernización de su arsenal, porque se trata de decisiones que Washington puede tomar como parte de su propia política estratégica. En la audiencia, Kissinger también fue preguntado por el acuerdo de cooperación nuclear civil que el presidente Barack Obama reenvió a principios de mayo al Congreso después de haber estado "aparcado" desde que Moscú invadió Georgia hace dos años.
El ex diplomático indicó que, sin haberse leído el acuerdo, conocido como 1-2-3, él tiene una postura "favorable" hacia un pacto así, apoyando de este modo su ratificación por el Senado.