Los familiares de Dorothy Stang, la monja estadounidense asesinada en la Amazonía brasileña en 2005 por defender campesinos y la preservación ambiental, clamaron hoy por justicia en vísperas del nuevo juicio, el tercero en cuatro años, al que será sometido mañana el homicida confeso de la religiosa.
"Yo solo quiero justicia. Quiero que la verdad sea aceptada y los derechos respetados", afirmó David Stang, hermano de la monja asesinada, en declaraciones a periodistas a su llegada a la ciudad amazónica de Belén para asistir al nuevo juicio.
En el banquillo de los reos estará nuevamente Rayfran das Neves Sales, autor confeso del crimen y quien fue condenado inicialmente en diciembre de 2005 a 27 años de prisión por homicidio calificado y por haber actuado como pistolero por encomienda.
Das Neves Sales tuvo derecho a un nuevo juicio, beneficio que la legislación brasileña concede a condenados a más de 20 años de prisión, y en octubre de 2007 su pena fue elevada a 28 años, pero solo por el crimen de homicidio calificado, ya que el pistolero negó en la época haber recibido dinero.
Dicha sentencia fue anulada debido a que, tras la comprobación del pago de la recompensa, el Ministerio Público exigió que la condena fuera aumentada en un nuevo juicio.
A dos meses de cumplirse cinco años del asesinato de Stang y sin que ninguno de los acusados de haber encomendado el crimen esté preso, sus compañeras de la congregación Notre Dame de Damur, que continúan trabajando por los campesinos en la Amazonía, denuncian que las amenazas continúan y que temen nuevos homicidios.
"Estamos corriendo muchos riesgos. Creo que aún habrá varios asesinatos, como el de Dorothy, porque la situación está muy tensa", aseguró la también misionera estadounidense Jane Dwyer en declaraciones publicadas hoy por el diario O Globo.
Según la religiosa, la tensión que se vivía en 2005 por la disputa por la tierra en la Amazonía prosigue, así como los tiroteos, los atentados y la tala ilegal de la selva.
Stang, que tenía 73 años, fue asesinada en una emboscada en una zona rural de Anapu, una remota localidad del estado amazónico de Pará, donde lideraba un proyecto para asentar a campesinos sin tierra.
La religiosa, establecida hacía varias décadas en la Amazonía, había sido amenazada de muerte en varias oportunidades por hacendados, madereros y latifundistas de la región.
Además de Das Neves Sales, los otros dos condenados hasta ahora por el crimen son Clodoaldo Carlos Batista, que acompañó al autor de los disparos aunque estaba desarmado, y el hacendado Amair Feijoli da Cunha, que admitió haber intermediado el crimen.
Batista y Da Cunha fueron condenados a 17 y a 18 años de prisión y, tras haber cumplido tres años de la pena, fueron beneficiados con el derecho al régimen semiabierto.
El hacendado Vitalmiro Bastos de Moura, condenado en un primer juicio a 30 años de prisión por haber encomendado y financiado el asesinato, fue absuelto en segunda instancia en una decisión que causó protestas de varias organizaciones no gubernamentales y hasta del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
El hacendado se benefició entonces de un cambio de testimonio del pistolero, que alegó haber actuado por iniciativa propia.
Pese a que la sentencia absolutoria fue anulada y el hacendado será sometido a un nuevo juicio aún sin fecha marcada, Bastos de Moura espera ese proceso en libertad.
"Ese hombre también debería ser juzgado mañana. No queremos asistir a otro espectáculo de falsedades. Esperamos que, al menos esta vez, la justicia prevalezca", aseguró David Stang.