Un polémico funcionario del Gobierno argentino fue expulsado hoy por la Justicia como representante del Estado en Papel Prensa, la única fabricante de papel para periódicos del país y objeto de una disputa con los grupos multimedia Clarín y La Nación, informaron fuentes judiciales.
La decisión de separar de la empresa a Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior, fue adoptada por la Cámara de Apelaciones en lo Comercial de Buenos Aires, que además pidió al Gobierno de Cristina Fernández que nombre a otro representante en Papel Prensa.
El tribunal de apelaciones, según las fuentes, tuvo en cuenta los reiterados actos de "agresión y violencia física" que Moreno protagonizó en los últimos tiempos, como ingresar con guantes de boxeo para boicotear una asamblea de accionistas de la fabricante de papel.
"El reiterado comportamiento disfuncional puesto de manifiesto por quien representa al Estado nacional en las asambleas o reuniones de directorio, motivos de llamados de atención de la Justicia, hace (necesario) a esta altura adoptar un temperamento acorde a la situación planteada con el propósito de poner fin a esas acciones", dijeron los jueces.
El Gobierno mantiene un fuerte pulso con Clarín y La Nación por el control de Papel Prensa.
En ese sentido, en septiembre pasado presentó una querella por la supuesta apropiación ilegal de la firma por parte de los dos principales diarios del país durante la última dictadura militar (1976-1983).
El capital de Papel Prensa se reparte entre el grupo Clarín (49%), el Estado (27,46% en forma directa y 0,62% a través de la agencia Télam) y La Nación (22,49%), con un 0,43% en manos de terceros.
Guillermo Moreno llegó a mediados de 2006 a la Secretaría de Comercio Interior, un puesto de segunda línea, pero su fama de duro y sus métodos poco ortodoxos hicieron que el funcionario elevara notablemente su perfil dentro del Gobierno.
Moreno fue varias veces acusado por empresarios de presionarles e incluso intimidarles para que bajaran los precios, lo que motivó que el fallecido ex presidente argentino Néstor Kirchner (2003-2007), que le llevó al Ejecutivo, dijera que el funcionario "ladra, pero no muerde".
"El nariz", como le apodan sus allegados, es un viejo militante del peronismo gobernante.