La policía mexicana mantiene acordonada la zona donde se estrelló el avión en el que viajaba el ministro de Gobernación (Interior), Juan Camilo Mouriño, y a donde centenares de personas no pudieron acceder hoy a sus locales de trabajo.
El accidente ocurrió la tarde de ayer y causó la muerte de trece personas entre transeúntes y tripulantes del jet privado en el que el secretario Mouriño y su equipo volvían de la ciudad de San Luis Potosí, a donde habían acudido a un acto oficial.
Junto a Mouriño fallecieron su asesor para temas de seguridad, José Luis Vasconcelos, la directora de información del ministerio, Norma Diez, el portavoz del ministerio, Miguel Monterrubio, y el coordinador de esa cartera, Arcadio Echeverría.
Lupita, camarera en un cafetería cercana, se dirigía a una sucursal bancaria cuando fue testigo del suceso.
"Vi venir la nave que estaba ardiendo, era como una bola de fuego. Cayó en la calle Monte Pelvoux y explotó", explicó a Efe.
"Se alzaron unas llamas enormes y comenzaron a explotar los carros que estaban cerca. El fuego se propagó a todos los autos cercanos y comenzaron a explotar también", prosiguió.
Su versión coincide con la de Óscar, regente de un pequeño restaurante vecino al lugar de la explosión.
"Lo que se logró ver fue una bola de fuego que caía. Arrasó con el parque que está aquí atrás. En ese momento, en instantes, todo fue confusión. Estaba lleno de lumbre, de gente corriendo. Hasta después se pudo percatar uno que había sido una avioneta lo que había caído, pero en el momento no te das cuenta", manifestó.
La explosión causó el caos en la zona cercana al choque, ocupada en su mayor parte por oficinas bancarias, aledaña a un barrio de lujo de la capital mexicana y distante unos dos kilómetros de Los Pinos, la residencia oficial del Gobierno de México.
"Pensamos que había sido una explosión de gas o algo así porque nunca te vas a imaginar que era una avioneta lo que había caído", señaló Óscar.
En la misma línea se pronunció Jack, quien trabajaba en su oficina cuando ocurrió el siniestro: "Pensé que había sido un transformador, porque se fue la luz", dijo.
Distinto fue el caso de Gina, quien también estaba trabajando cuando la explosión "hizo cimbrear todo el edificio" donde se hallaba, pero "prendió el radio" tras el estallido y, al conocer lo ocurrido, decidió abandonar su despacho.
Esa misma imagen es la que recuerda Anaí, dependienta en una pastelería de la misma calle.
"Aquí siempre hay mucha gente. De hecho, a esa hora casi todos salen de la oficina y había muchas personas en la calle", dijo.
Las versiones aportadas por los testigos contradicen lo informado hasta ahora por fuentes gubernamentales, que sostienen que el avión explotó al caer y después se incendió.
En la mañana de hoy, la policía y el ejército mexicano habían acordonado y vallado la zona de la colisión y realizaba inspecciones en los edificios colindantes, algunos de los cuales mostraban evidencia de haberse incendiado.
El lugar del siniestro es sobrevolado a diario por los aeronaves que aterrizan y despegan del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, el más importante del país.
Solo el año pasado registró un tránsito de 25 millones de viajeros y un promedio diario de 930 vuelos operados, lo que equivale a un despegue y un aterrizaje por minuto.