El rotundo triunfo de Evo Morales en su primera reelección cerró un año en el que Bolivia estrenó una Constitución "refundacional" con la que el izquierdista e indigenista presidente pretende construir un nuevo Estado.
El 6 de diciembre Morales obtuvo una apabullante victoria electoral del 64 por ciento que permitirá a su partido, Movimiento al Socialismo (MAS), controlar sin dificultad la futura Asamblea Legislativa.
El primer presidente indígena de Bolivia podrá seguir así con su "revolución democrática y cultural" y aplicar la nueva Constitución del país, apoyada en un inédito referendo el 25 de enero por el 61,4 por ciento de los bolivianos.
Aprobada la Carta Magna, el país vivió en abril una nueva crisis política en el Congreso, donde oficialismo y oposición se enfrentaron a cuenta de la Ley Electoral, obligada por la Constitución y necesaria para celebrar comicios generales.
Morales estuvo en huelga de hambre seis días para exigir la aprobación de la norma, lo que llegó el 14 de abril con el compromiso del oficialismo de elaborar, como exigía la oposición, un nuevo padrón de votantes.
Dos días después de cerrarse la "crisis electoral", Bolivia se sumió en un polémico caso de "terrorismo internacional" que salió a la luz cuando la policía abatió a tiros en Santa Cruz (este) a tres supuestos mercenarios extranjeros y detuvo a otros dos.
Según el Gobierno, ese grupo pretendía la secesión de Santa Cruz -bastión de la oposición autonomista- e incluso preparaba atentar contra Morales. La Fiscalía boliviana continúa con la investigación de un caso que la oposición tacha de "montaje".
En el año que acaba, la política exterior de Bolivia volvió a estar marcada por la distancia con EE.UU a pesar del nuevo Gobierno de Barack Obama y del inicio de conversaciones para conformar otro marco bilateral.
Las buenas intenciones expresadas en mayo durante la visita del entonces responsable de Washington para América Latina, Thomas Shannon, han quedado diluidas, especialmente tras las advertencias de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, por la amistad de Bolivia con Irán.
Y es que los gobiernos de La Paz y Teherán reafirmaron su alianza en noviembre durante la visita que Mahmud Ahmadineyad cursó a Bolivia dentro de su gira sudamericana.
Otra constante ha sido la confrontación con el Gobierno peruano de Alan García, que volvió a llamar a consultas a su embajador en La Paz molesto por el calificativo de "genocidio" que Morales dedicó al conflicto de Bagua donde murieron 24 policías y nueve indígenas.
Morales, por su parte, ha criticado a Lima por asilar a ministros del segundo gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada imputados en Bolivia por el llamado "octubre negro" de 2003. El juicio por este caso comenzó en mayo en ausencia de los principales acusados.
También este año el presidente boliviano ha profundizado su implicación con la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) que en octubre celebró en Cochabamba una cumbre para afianzar su integración económica y su "lucha contra el imperio".
En ese ámbito, el presidente boliviano se ha destacado como uno de los principales detractores del acuerdo entre EE.UU y Colombia para el uso de bases militares por parte de la potencia norteamericana.
Durante 2009, Morales ha cursado visitas oficiales a Rusia en febrero y a España en septiembre.
En Moscú el presidente boliviano firmó acuerdos de cooperación en el ámbito técnico-militar y de lucha contra el narcotráfico, y en Madrid concretó la condonación de la deuda boliviana y logró un acuerdo con Repsol YPF para que un consorcio de empresas invierta 1.500 millones de dólares en aumentar la producción de gas boliviano.
Bolivia también recordará 2009 por ser el año en que el mundo conoció su potencial en litio. Según el Gobierno, las mayores reservas mundiales de este metal están en el Salar de Uyuni, cuya superficie es de 10.000 kilómetros cuadrados.
Otro asunto que hizo correr ríos de tinta fue el escándalo de corrupción que salpicó a la estatal petrolera Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y que llevó a la cárcel a su presidente, Santos Ramírez, considerado uno de los más cercanos colaboradores de Evo Morales hasta ese momento.