Las FARC liberaron hoy al quinto de los seis rehenes que prometieron entregar, el ex gobernador Alan Jara, quien tras más de siete años de cautiverio afirmó que la guerrilla no está derrotada y acusó al presidente colombiano, Álvaro Uribe, de no hacer nada por los secuestrados.
Después de pasar 2.760 noches en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el ex gobernador del departamento del Meta recuperó la libertad y pudo abrazar de nuevo a su mujer y su hijo, de 14 años, quienes lo esperaban en el aeropuerto de Villavicencio, 120 kilómetros al este de Bogotá.
"Las FARC no están debilitadas para nada (...), allá hay muchos, la mayoría jóvenes", indicó Jara en una rueda de prensa en Villavicencio en la que habló de su convivencia con los guerrilleros en la selva y de otros detalles de su cautiverio.
"No veo otra salida que la negociada", insistió el ex gobernador, quien explicó cómo fue secuestrado el 15 de julio de 2001 cuando regresaba en un vehículo de Naciones Unidas de una aldea del Meta, donde había inaugurado un puente.
Jara tuvo duras palabras para Uribe, ya que en su opinión la actitud del presidente "no ha ayudado para nada" a lograr un intercambio humanitario que consistiría en canjear a un grupo de rehenes, que actualmente son 23, por medio millar de guerrilleros presos, como piden las FARC.
"Lo digo con claridad, siento de todo corazón que Uribe no hizo nada por la libertad de nosotros", manifestó Jara al apuntar que "pareciera que al presidente le convenga la situación de guerra que se vive en el país".
Con Jara y los liberados el pasado domingo, tres policías y un soldado, solo falta que las FARC entreguen al sexto y último de los rehenes prometidos, el ex diputado del Valle del Cauca Sigifredo López.
La encargada de recoger a los rehenes es una misión humanitaria integrada por miembros de la Cruz Roja Internacional, la senadora opositora Piedad Córdoba y un grupo de pilotos de Brasil, país que aportó los dos helicópteros usados para los traslados.
El operativo para recoger al ex diputado López, secuestrado en 2002, se pondrá mañana en marcha para conseguir el jueves su libertad, confirmó hoy el portavoz de la Cruz Roja Internacional en Colombia, Yves Heller.
Hasta ahora la misión humanitaria se ha desarrollado con normalidad, salvo por las denuncias del periodista colombiano Holman Morris, quien afirmó hoy que fue retenido el lunes por el Ejército y la Policía colombianas y que le intentaron decomisar el material grabado durante las liberaciones del domingo.
Morris, corresponsal de Radio Francia Internacional (RFI) y productor del programa de televisión Contravía, declaró a Efe que un coronel le pidió el material, "argumentando órdenes superiores", pero el Gobierno lo acusa de participar en una "patraña" para favorecer a las FARC.
Mientras tanto, el presidente Uribe dijo que la entrega de rehenes por parte de la guerrilla es una esperanza para acabar con el flagelo del secuestro en el país, aunque enfatizó que la pacificación de Colombia no surgirá de "permitirles a los terroristas que hagan teatro político y circo con sangre".
Y su Gobierno agradeció, por medio del canciller Jaime Bermúdez, la ayuda de Brasil, que facilitó los helicópteros y las tripulaciones que recogieron en las selvas colombianas a los cinco liberados.
Por su parte, la senadora Córdoba quiso dar las gracias a las FARC "por haber cumplido" e indicó que habló hoy con el comandante rebelde encargado de entregar a Jara sobre la necesidad de continuar con las liberaciones y de lograr un acuerdo humanitario.
Desde Washington, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, valoró en un comunicado las liberaciones y aseguró que representan "un paso más en el proceso de pacificación de Colombia".
Al ex presidente colombiano Ernesto Samper (1994-1998) le alegró especialmente la liberación de Jara, su "gran amigo", y la calificó como una "resurrección".
"Lo más duro son las cadenas, las cadenas de la indiferencia", comentó hoy Jara, al relatar que durante su cautiverio tuvo innumerables problemas de salud y su único alivio fueron los "viajes astrales" que realizaba escuchando por la radio a su familia, a través del programa "Voces del Secuestro".
Para apoyar a los que, a diferencia de Jara, todavía siguen cautivos se ideó una maratón de mensajes de solidaridad que hoy cumplió 60 horas y 5.000 textos leídos públicamente en Bogotá.
Jara, el ex gobernador colombiano a quien el secuestro convirtió en profesor de ruso e inglés
Jara, de 51 años, fue entregado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a una comisión humanitaria, que el domingo pasado recibió también a tres policías y un militar que llevaban en cautiverio desde 2007 y el jueves hará lo mismo con el ex parlamentario regional Sigifredo López, secuestrado en 2002.
El ex gobernador es un ingeniero civil egresado de la Escuela de Construcción de la ciudad ucraniana de Kiev, a la que viajó en 1975 para aprender ruso y en la que, como reconocimiento a su desempeño como estudiante, se le permitió cursar los estudios superiores.
El inglés lo aprendió en la selva con un diccionario y se hizo profesor de idiomas como método de relajación personal y también de los policías y militares con quienes soportó los años de cautiverio, según contó a su esposa, Claudia Rugeles, en un mensaje.
"Si Alan en la selva tiene energía, nosotros no podemos cansarnos ni desfallecer", dijo en una de las muchas entrevistas periodísticas que ha ofrecido en estos años la esposa de este político, cuyo único hijo tenía siete años por la época en la que fue secuestrado.
Jara cayó en manos de las FARC el 15 de julio de 2001 en la carretera que comunica a El Dorado y Lejanías, localidades del Meta, departamento del que fue gobernador en dos oportunidades.
El político, que ya no era gobernador sino consultor de la ONU, se había desplazado a la zona invitado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para asistir a la apertura del Puente de la Reconciliación.
Los rebeldes lo bajaron del vehículo diplomático en el que se desplazaba y se lo llevaron a pesar de que los diplomáticos que le acompañaban intentaron evitarlo por todos los medios.
Unos días después un comunicado de las FARC indicó que había sido "retenido" para explicar sus presuntos contactos con organizaciones paramilitares, algo desmentido por su familia tajantemente.
Jara cumplió su primer año como secuestrado con la noticia de la muerte de su madre, Georgina Urzola.
De ello se enteró por la radio, que sintonizaba para escuchar los programas para secuestrados de las dos grandes cadenas del país, por medio de los cuales familiares y amigos les envían mensajes.
En un mensaje enviado hace un año, unos amigos le dijeron: "otro día más sin tu presencia, pero es otro día menos de tu cautiverio".
Un puñado de cartas, algunas fotografías y un vídeo componen las tres pruebas de vida de Jara que los rebeldes han proporcionado desde febrero de 2002.
En un vídeo que llegó desde la selva, Jara contó el triste día a día de un secuestrado, manifestó su preocupación por una protuberancia que le salió en la garganta y expresó su dolor y el de muchos de los secuestrados por haber perdido a sus padres y madres durante su cautiverio.
La última de las pruebas de vida de Jara llegó a su esposa e hijo a mediados de enero de 2008, en las manos de la ex congresista Consuelo González, liberada unilateralmente por las FARC como el ex gobernador del Meta.
En esta remesa llegó también un mensaje al periodista Darío Arizmendi, conductor de la franja informativa matinal de Caracol Radio, firmado por seis rehenes, entre ellos Jara.
En su carta escribieron: "no es el dolor físico lo que nos hiere, no son las cadenas que llevamos colgadas a nuestros cuellos lo que nos atormenta, no son las permanentes enfermedades las que nos afligen. Es la agonía mental causada por la irracionalidad de todo esto, es el enojo que nos produce la perversidad del malo y la indiferencia del bueno".
El hijo de Jara, Alan Felipe, de 14 años, dijo hoy a Efe antes de la llegada del político a Villavicencio que cuando le vea, sólo tendrá "el impulso de abrazarle".
"La verdad es que no sé exactamente qué le voy a decir cuando me reencuentre con él, pero estamos con mucha alegría", reveló este joven antes de despedirse de la comisión humanitaria que partió hoy del aeropuerto de Villavicencio para ir en busca de su padre a las selvas del sur de Colombia.