Los simpatizantes del ex presidente peruano Alberto Fujimori reaccionaron con ira e indignación ante la sentencia de 25 años de prisión impuesta a su líder por violación a los derechos humanos y prometieron salir a las calles para defender su inocencia.
Tan pronto vieron la sentencia en una pantalla de televisión colocada a las afueras de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía (Diroes), donde se celebró el juicio, medio millar de fujimoristas gritaron: "¡Poder Judicial, vergüenza nacional!".
Algunos de ellos arrojaron sillas de plástico y desperdicios contra los periodistas.
"Prensa amarilla, cuenta la verdad", cantaron al unísono, mientras se arremolinaban en las calles, con sus banderolas anaranjadas y fotografías del ex mandatario, para intentar acercarse a la puerta de la base de la Diroes, donde ya se había formado un cordón de policías antimotines.
Tras tres horas de espera bajo un sol agobiante, la muchedumbre gritaba enfurecida: "¡que el pueblo juzgue, carajo!" ,"¡A las calles, a las calles!".
Mujeres de mediana edad lloraban y gritaban a viva voz que Fujimori es inocente; otros chillaban "derechos humanos, defiende a los terroristas", y algunos hombres jóvenes decían conmocionados: "no te vas a quedar allí, 'chino', te vamos a sacar".
Los fujimoristas se habían reunido desde tempranas horas de la mañana en su centro de operaciones en las inmediaciones de la Diroes, donde colocaron sillas para que los simpatizantes del acusado pudieran seguir la lectura de la sentencia.
El malestar y la impaciencia se dibujó por primera vez en sus rostros cuando el presidente de la sala que juzgó a Fujimori por dos matanzas, que se saldaron con 25 muertos, así como dos secuestros cometidos durante su Gobierno entre 1990 y 2000, adelantó que la sentencia iba a ser condenatoria.
En ese período de espera, el momento más tenso se vivió cuando medio centenar de miembros de la Confederación de Trabajadores del Perú (CTP) intentó acercarse a la Diroes por la misma calle en la que se encontraban congregados los fujimoristas.
Un grupo de enfurecidos simpatizantes del ex jefe de Estado se topó con los sindicalistas y fue cuando una veintena de policías tuvo que intervenir rápidamente para aplacar las iras.
Ambos bandos se decían "asesinos" unos a otros, los fujimoristas acusaban a los sindicalistas de terroristas, mientras que los de la CTP, que reclamaban su derecho a circular, acusaban al Gobierno de Fujimori de haber matado impunemente.
En estos enfrentamientos un fujimorista llegó ensangrentado al local de su agrupación, afirmando que los sindicalistas lo habían herido con piedras.
Además, uno de los jefes policiales dijo a Efe que dos personas fueron detenidas debido a los choques.
Más tarde se unieron a los trabajadores otro grupo de detractores de Fujimori y defensores de derechos humanos vestidos con camisetas en las que se leía "Justicia", arengando: "víctimas de La Cantuta, presentes, víctimas de Barrios Altos, presentes".
Al final de la lectura de la sentencia en este juicio histórico, las huestes fujimoristas enardecidas solo esperaban a la heredera política del acusado, la congresista Keiko Fujimori, que indignada se dirigió desde lo alto de una camioneta a sus simpatizantes.
"Grande ha sido la indignación de escuchar un fallo lleno de odio y de venganza contra Alberto Fujimori", dijo a través de un altavoz ante una prensa ávida de captar sus palabras.
Acompañada de su hermano menor Kenyi y su esposo Mark, Keiko llamó a sus adeptos a salir a protestar a las calles, aunque de manera pacífica "para demostrarle al Perú y al mundo esta absurda condena contra Alberto Fujimori", un llamamiento al que la multitud respondió al unísono: "¡A las calles, a las calles!".